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La apertura de la Instrucción y la realización de las consecuentes pruebas que se han realizado el pasado mes de septiembre, sobre la violación colectiva ocurrida en Pamplona durante las fiestas de San Fermín, ha puesto de manifiesto no solo la brutalidad con la que se cometieron estos hechos, sino además, ha puesto de manifiesto el fracaso absoluto de esta sociedad con respecto a la igualdad entre hombres y mujeres, así como la existencia del machismo y del patriarcado, como pautas que determinan la relación entre hombres y mujeres en la sociedad capitalista.

Como sabemos, este verano, durante los Sanfermines la joven agredida se dirigía al coche en el que pensaba pasar la noche con otras amigas cuando se encontró con estos cinco individuos que “decidieron acompañarla”. Durante el camino, aprovechando que una persona entraba en su portal, introdujeron a la chica en él y allí fue violada por los cinco que, al mismo tiempo, grababan lo que estaba ocurriendo, e incluso enviaron unos mensajes de whatsapp a un grupo que habían creado relatando lo que estaban haciendo.

Cuando terminaron, después de cometer su fechoría, le quitaron a la joven el móvil y las tarjetas de memoria y abandonaron el lugar, volviendo a la plaza, donde fueron encontrados.

La joven con signos y marcas de haber sufrido una violentísima agresión, y totalmente conmocionada, fue ayudada por dos personas que pasaban por el lugar. A pesar de su estado de shock tuvo la determinación de ir a Comisaría a denunciar los hechos.

Estos jóvenes están acusados de agresión sexual, pero también de robo. El juez que se encarga del caso desde el primer momento pidió para ellos prisión sin fianza. En la calificación previa se solicita una multa de 500.000 mil euros, y hasta 80 años de cárcel. En este caso, afortunadamente, el juez tiene muy claro que se trata de una violación, con abuso de superioridad física.

Estos hechos ponen de manifiesto que, en esta sociedad, desde la superestructura ideológica se fomenta la creencia de que los hombres son superiores a las mujeres, y es por eso que estos cinco energúmenos –uno de ellos Guardia Civil y otro militar- se creen con derecho de llevar a cabo tales atrocidades, actuando además como si de un divertimento o de una cacería se tratara.

En este caso, la chica se atrevió a denunciar, pero los datos nos dicen que esto no ocurre en multitud de casos. Muchas mujeres no se atreven a poner la denuncia y, en otras muchas ocasiones, en las que las mujeres dan el paso y denuncian, estas denuncian no sirven para nada, porque la justicia obliga a las víctimas a tener pruebas de lo que les ha sucedido, y todos y todas sabemos que esto no es posible en la mayoría de las ocasiones porque estos hechos casi siempre se dan cuando agresor y agredida se encuentran solos, sin testigos.

Por otro lado, desde la superestructura ideológica se hace creer a las mujeres que son culpables de lo que les ha sucedido, como si hubiesen podido hacer algo más o defenderse de alguna otra manera para no ser víctimas de esas agresiones. Se culpabiliza a las mujeres, y eso lo hemos leído muchas veces en la prensa, y en las sentencias de los jueces, por cómo iban vestidas, por ir solas por la noche, por tomarse una copa, como si la solución para evitar todo tipo de violaciones y/o agresiones sexuales fuera quedarnos encerradas en casa, algo inadmisible y que, además, sabemos que tampoco serviría de nada, ya que muchas violaciones ocurren en ámbitos familiares.

Todo esto hace que las mujeres sean sometidas a un juicio paralelo, especialmente duro en el ámbito personal más inmediato, cuando denuncian una agresión, y, como añadido, tienen que soportar una superexposición mediática y una condena social por haber sido víctimas agresiones de este tipo.

Ahora, en este caso, queda esperar que la sentencia sea absolutamente contundente y que una actuación consecuente por parte de este juez sirva como reflexión para situar la evidencia de que la violencia hacia las mujeres ha aumentando en los últimos tiempos como expresión del modelo de sociedad actual, que es producto del momento histórico que nos toca vivir, inmersos en un capitalismo en el que la violencia forma parte natural del sistema, y, en el caso de las mujeres, esta violencia tiene muchas vertientes como consecuencia de ese contexto en el que se nos coloca en un estadio inferior en todos los ámbitos, laboral, familiar, cultural, etc.

No hay lucha por la revolución si no hay lucha por la igualdad de las mujeres, contra la opresión y contra la violencia sexual.

Sonia Iruela