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El terrorismo se ha convertido en un fenómeno social y político que, aun pareciendo lo contrario a simple vista, se ha transformado en algo profundamente funcional al capitalismo y a su dominio de clase.

El terrorismo siempre fue un fenómeno de múltiples aristas y diversas formas. La irrupción de organizaciones con una práctica armada y violenta en momentos de crisis aguda de las contradicciones en las sociedades burguesas europeas modernas, provocaba una reacción justamente contraria a la pretendida por estas organizaciones, es decir, un reforzamiento del control social por parte de la burguesía y un reforzamiento del aparato de represión burgués en condiciones de un amplio consenso social. Esto hacía que el terrorismo fuera funcional a la burguesía en momentos de crisis, independientemente de las formas que este adquiriera y cómo se justificara. Pero, a su vez, también provocaba incertidumbre, inseguridad, con lo cual este procedimiento no era algo que pudiera prolongarse en el tiempo.

La vinculación del terrorismo con organizaciones de izquierda, permitía a la burguesía y a sus medios desacreditar a la izquierda revolucionaria en general y aislar a la misma de las masas. Pero eso tuvo un recorrido histórico determinado. La burguesía se aplicó a fondo y las contradicciones sociales y económicas de finales de los años sesenta, setenta y ochenta del pasado siglo (que fueron épocas de mayor eclosión de estas organizaciones armadas), fueron superadas por la burguesía a través de un violento ataque a las conquistas obreras.

La irrupción del terrorismo, ligado al llamado yihadismo, supone un sustancial cambio en las formas, métodos y prácticas de estas organizaciones. Su propia aparición juega un papel extraño y sospechoso; una aparición rápida, expresada en acciones muy violentas, indiscriminadas y enfocadas a la población en general. Su capacidad de actuación, su rápida y veloz expansión y, sobre todo, la capacidad del llamado Estado Islámico para hacerse, en tan poco tiempo y con una enorme capacidad militar, con un extenso territorio, en una zona controlada y ocupada por los ejércitos imperialistas, suponen un fenómeno sobre el que se abre una gran cantidad de interrogantes. El terrorismo yihadista, de esta manera, tiene una capacidad de intervención enorme: decide cuándo y dónde actuar, cómo hacer más daño y, sobre todo, su accionar indiscriminado y salvaje siembra un temor colectivo. La consecuencia es un mayor control social, un consenso social en torno a las políticas y decisiones de los Gobiernos burgueses para restringir las manifestaciones democráticas, los derechos políticos, la libertad de expresión y organización y los derechos públicos en general. Así, el capitalismo fabrica un clima social y un consenso en torno al control y la represión que le permite encauzar las medidas sociales en estos momentos de crisis y regresión social y laboral. El capitalismo puede llevar a cabo sus políticas represoras sobre el movimiento obrero sirviéndose de la justificación de la lucha contra el terrorismo. Tal y como ocurrió en Francia tras la aprobación de la reforma laboral y la enorme protesta obrera que desató huelgas y manifestaciones. Todas ellas reprimidas por la burguesía tras los atentados que se produjeron en Francia por los supuestos terroristas yihadistas.

El proceso es nítido. La burguesía ha iniciado, hace tiempo, un paulatino y sistemático proceso histórico de aniquilación de la democracia burguesa, tal y como había resultado de la lucha de clases en la Europa del siglo XX. La necesidad del consenso social con el proletariado en Europa para permitir el proceso de acumulación de capitales tras la Segunda Guerra Mundial, se vuelve disfuncional para la burguesía. En función de la aguda y profunda crisis capitalista, la burguesía necesita llevar a cabo una guerra social contra la clase obrera para degradar el valor de la fuerza de trabajo, único factor que le permite a la burguesía salir de su crisis de acumulación. Es por ello por lo que necesita de un factor externo, de un justificante histórico para emprender y profundizar dicho proceso social; es por ello totalmente sustancial y funcional el terrorismo yihadista como el justificante para aumentar, profundizar e implementar medidas represivas, y de control social, que de otra manera serían imposibles de llevar a cabo. Por tanto, la conclusión es necesario realizarla: para el capitalismo el terrorismo indiscriminado, violento y salvaje es totalmente necesario en estos momentos de crisis y de ahí, por consiguiente, que en su aparición, desarrollo y accionar, el terrorismo, sus formas, sus organizaciones, sus armas y medios sean controlados, suministrados y financiados por los servicios de información y seguridad de los países imperialistas. El terrorismo yihadista es consustancial al imperialismo y, por tanto, un enemigo de primer orden de la clase obrera internacional.

Alexis Dorta