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El capital tiene graves problemas para mantener su actual hegemonía. Por ello, de cara a las Elecciones Generales del 26J, realiza un cuidado posicionamiento táctico, para salvar lo principal, cediendo en algunos aspectos secundarios.

Esta es la característica fundamental de la próxima cita con las urnas.

 

El capital está raspando el fondo del caldero

La última crisis capitalista estalla en el verano de 2007 y, nueve años después, los capataces del capital quieren presentar como un éxito la recuperación del PIB al mismo nivel de entonces. Pero, claro, con una deuda externa que iguala ese PIB, con unas altísimas cifras de paro, y con un empleo caracterizado por la sobreexplotación y la precariedad (esclavitud).

Entonces la burguesía, alarmada ante la gravedad del estallido que afectaba a los cimientos de sus estructuras de poder, declaró una guerra general contra la clase obrera. Los monopolios se aprestaron a defender su dictadura. Las sucesivas contrarreformas laborales de estos años dejaron al pueblo trabajador encadenado a los pies del capital -a pesar de sus luchas de resistencia-, agudizando aún más la dictadura de las relaciones capital-trabajo.

Hoy el PP presume de la evolución de las cifras del empleo, pero ocultan que habiendo un cierto crecimiento de los contratos no hay más masa salarial, sino menos. Que hay millones de trabajadoras y trabajadores con “empleo”, pero que los miserables salarios que perciben no les sacan de la pobreza. Marx lo explicó en el siglo XIX: sobreexplotación.

El capital no da para más. Raspa el fondo del caldero, y exprime a la clase obrera como quien quiere sacar la última gota de un limón.

La crisis profunda económica persiste en España, y en toda la economía capitalista. Las guerras imperialistas se extienden por doquier, el terrorismo imperialista y los golpes de estado de diversa factura también.

La democracia (formal) termina donde empiezan las dificultades del capital para mantener su ciclo de reproducción ampliada.

El capital saca a los trileros a escena

En los centros dirigentes del sistema se fraguó una gran maniobra de distracción, elaborada con la información en tiempo real sobre el estado de conciencia de la mayoría social, y su grado de descontento.

El objetivo se centraba en soltar presión de la olla, bajar esta presión hasta llevarla a un nivel sin riesgo. A continuación se crea una ilusión trilera, y se tira de la red en el momento preciso. ¡Toda la pesca está dentro!

Nueva política, frente a vieja política. La gente, y no la clase obrera. La ciudadanía, y no el pueblo trabajador. Ni derecha, ni izquierda. Mareas y marchas, no huelgas generales. ……. Se consigue sacar a la clase obrera de la escena política, y la gran preocupación frente a la crisis pasa a ser la clase media, que ha perdido muchas de sus condiciones de vida.

Cantamañanas y engañaobreros disponen de todos los medios masivos para difundir su mentira. Cotorras, que no hacen más que repetir incansablemente las nuevas consignas del capital, tienen a su disposición todos los altavoces. El dinero necesario para el engodo aparece de uno y otro lado, con la discreción necesaria. Ahora no hay que luchar, ahora toca votar.

Se empieza por un discurso contra los Partidos (nada de banderas), para luego crear un partido del más rancio abolengo, socialdemócrata o liberal. Una orquestada campaña contra el sindicalismo es el complemento necesario.

Los trileros forman un disciplinado conjunto con los papeles bien repartidos.

Uno con chaqueta representando a la España de bien, la que a pesar de todo lo que ve sigue creyendo en lo de siempre. Otro más joven y con menos chaqueta, para quienes se cansaron ya del primero por pesado y claramente fracasado. Sin chaqueta el de coleta con las facturas pagadas por los monopolios de la comunicación. El de la vieja socialdemocracia más joven, a ver si lo de la fotogenia funciona. Y, a última hora, un puesto para el que está dispuesto a vender todas sus pertenencias con tal de estar en el Parlamento: Unidos Podemos.

Los trileros están trabajando intensamente en estas semanas: tertulias, mercados, debates, visitas, Twiter y Facebook a cualquier hora.

La promesa es la misma en todos los casos: Me votas, hago funcionar el capitalismo, y tu vida cambiará. Tan solo es cuestión de una gestión adecuada. ¡La crisis no existe, el capitalismo no está acabado!

Todas las encuestas coinciden en que este será el resultado. También ellos hicieron las encuestas.

El futuro es nuestro, luchar y vencer

Quitamos a los trileros, les retiramos sus artilugios de engaño y la clase obrera vuelve a la calle.

Se rompió el encanto de la feria de trileros.

La realidad concreta, en la que vivimos y luchamos, está inexorablemente determinada por el proceso de acumulación de capitales. Proceso que se desarrolla marcado por el grado extremo de agudización de las contradicciones entre el altísimo desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones capitalistas de producción.

Los grandes capitalistas, su cuadrilla de trileros, están empeñados en esconder el sol con un dedo.

Y fracasan.

Si ya se dan las condiciones objetivas para el tránsito revolucionario a la sociedad socialista, la clase obrera no debe distraerse por otros caminos, que solo la llevarían a alargar la actual situación de opresión y explotación en la que vive .

Sin duda esas condiciones, efectivamente, ya se dan desde hace algún tiempo.

La propuesta política del PCPE, como proyecto general y como programa para estas Elecciones en concreto, responde de forma precisa al actual momento del desarrollo de la lucha de clases. El Partido marca ahí los pasos concretos a dar, define cual es el programa táctico y el programa estratégico para cada fase de la lucha que hay que dar.

El PCPE está en estas Elecciones con cuarenta y dos candidaturas, dando la posibilidad de votar comunista al 93% del censo electoral.

Es la única fuerza política que se expresa en nombre de la clase obrera y por la clase obrera. Es la única fuerza política que llama a la clase obrera a organizarse para la toma del poder y para la destrucción del sistema capitalista.

Nuestra propuesta es para desenmascarar a los trileros, y a sus capataces.

El voto al PCPE es el voto comunista para ganar la libertad y la justicia social, porque sin revolución no hay cambio.

Carmelo Suárez C. Secretario General del PCPE