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El pasado 20 de febrero se celebró, en Edimburgo, un acto sobre la lucha minera en la cual intervenían un antiguo minero escocés y uno leonés. La sala estaba abarrotada, allí no cabía ni un alfiler, un ambiente familiar y cercano que ayudó a que el acto fuera todo un éxito. Un evento sin duda interesante para comparar las distintas experiencias, y en el cual se pudieron comprobar las similitudes en los procesos de desmantelamiento de la industria minera en España y en el Reino Unido, con la diferencia de que el desmantelamiento de la industria minera en Escocia sucedió varias décadas antes que la española. Las consecuencias son las mismas y las razones muy parecidas.

 

Este evento, organizado por la asociación Spanish Workers in Edinburgh (SWE-Trabajadores Españoles en Edimburgo) sirvió para dar pistoletazo de salida a un nuevo ciclo de actos que tendrán lugar en los próximos meses. Hasta ahora este colectivo de emigrantes españoles había tratado de asentarse en la ciudad mediante la organización de diferentes eventos ocio-culturales, que han servido para acercarse a la población española en Edimburgo y, de esta manera, darse a conocer. Es importante remarcar que Edimburgo es la ciudad extranjera en la que más españoles viven en proporción a su población actual. Más de 30.000 españoles viven en Edimburgo según los datos estimados por el consulado español. Esto significa que casi un 10% de la población de la ciudad es de origen hispano.

Esta situación se debe especialmente a las consecuencias de la crisis capitalista que sufre la clase trabajadora, ya que hasta hace apenas 7 años la población española en Edimburgo era prácticamente inexistente o minoritaria. El perfil de los emigrantes españoles es muy parecido, en su mayoría jóvenes entre 21-30 años, con estudios superiores o medios, con bajo o medio nivel de inglés y que van a trabajar de cualquier cosa. Sin embargo, existen algunas excepciones pero no es lo más habitual. El hartazgo ante la situación económica del país y la incertidumbre sobre el futuro de muchos jóvenes hace que muchos decidan tomar este camino y marcharse a otro lugar.

Una de las labores de la SWE es, y debe ser, conseguir canalizar ese malestar y la ira por la obligación de emigrar en una misma dirección y en contra de aquellos que nos han llevado a esta situación. Una dura y larga tarea que necesita su tiempo pero a la que ya se le empieza a dar forma. Uno de los fines más importantes para la SWE es la defensa de los intereses de las y los trabajadores españoles en Edimburgo, en especial luchar contra todas las injusticias que pueda sufrir la clase trabajadora por su condición de inmigrante en el país. Un objetivo sensato pero difícil, aún quedan muchos pasos por dar para que la SWE se convierta en un referente para los trabajadores españoles en esa lucha.

La existencia de colectivos de trabajadores de otros países en Edimburgo puede ser de gran ayuda para que la SWE pueda cumplir sus objetivos. Para ello es necesario que cada colectivo trabaje junto a sus compatriotas las diferentes problemáticas concretas de su país, pero con un enfoque general que pueda llevarnos a juntarnos en el mismo camino y, de esta manera, poder confluir en las próximas movilizaciones en la ciudad con el resto de trabajadores y trabajadoras locales, que tienen múltiples problemas compartidos con la población inmigrante. Esta unidad internacionalista será clave para alcanzar el éxito y será esencial para poder aspirar a convertirse en un referente para la clase obrera de nuestro país en el extranjero.

MP