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Los gobiernos de las potencias capitalistas occidentales no aprenden de la Historia reciente ni de sus propios errores. Lo acontecido con Al Qaeda, organización cuyo origen está en el apoyo irrestricto de los EEUU y otras potencias a los muyaidines afganos en su lucha contra el gobierno revolucionario afgano y ejército soviético, se vuelve a repetir años después con el ISIS. Se vuelve a confirmar que son las propias potencias imperialistas quienes crean los monstruos cuya acción los vuelve funcionales a los intereses del capitalismo monopolista y sus gobiernos.

 

Nos preguntamos por París, pero pero perfectamente podría sustituirse la capital francesa por ciudades como Beirut, Estambul, Bamako o Yakarta, ya que todas ellas han sido recientemente afectadas por atentados terroristas reivindicados por sucursales del ISIS o de Al Qaeda, en los que han fallecido cientos de personas.

Si bien es cierto que el ISIS y Al Qaeda son organizaciones distintas, con tácticas y objetivos distintos, su actuación es utilizada por los gobiernos de las potencias capitalistas para dar nuevas vueltas de tuerca a la ya existente y generalizada tendencia al recorte de derechos y libertades.

Los atentados de París del 13 de noviembre se interpretaron desde el gabinete del presidente Fraçois Hollande como una constatación de que “Francia está en guerra”. Pocos días después, en tono solemne, las dos cámaras parlamentarias francesas celebraron una sesión conjunta en la que se pretendió escenificar, tras un discurso del propio Hollande, la unidad de los poderes franceses “contra el terrorismo”. Todo ello muy similar a lo ocurrido en Washington varios días después del 11S de 2001.

Emulando a George Bush junior, Hollande ha reaccionado a los ataques en su propio suelo con un salto adelante, utilizando el recurso a la “guerra contra el terrorismo” para tratar de conseguir los consensos necesarios que legitimen sus actuaciones pasadas y futuras, pero obviando que Francia lleva años trabajando por no perder su estatus de potencia imperialista.

A buen seguro, han sido pocas las voces en Francia que han recordado que el ejército francés ha intervenido en Malí (operación Serval), lo está haciendo en la zona más amplia del Sahel (operación Barkhane), en la República Centroafricana (operación Sangaris), que participó activamente en el derrocamiento del presidente marfileño Gbagbo en 2011 o que, muy especialmente, Francia fue la principal impulsora de los ataques contra Libia en 2011 que terminaron con el derrocamiento y asesinato Muamar el Gadafi y la conversión del país en un Estado fallido en que no hay estructuras de gobierno estables. No conviene olvidar tampoco que la operación Atalanta, contra la “piratería” en aguas somalíes, arrancó bajo presidencia francesa de la UE.

Francia tiene intereses evidentes en África, el Mediterráneo y Oriente Próximo, mantiene bases militares y presencia en Chad, Senegal, Costa de Marfil, Malí, el Cuerno de África y la propia República Centroafricana. Es una potencia imperialista que, en pugna con el resto de potencias, aspira a mantener y expandir sus zonas de influencia, generalmente a partir de los territorios y áreas que formaron parte de sus dominios coloniales pasados. Francia interviene militarmente, derroca gobiernos, favorece la expansión de sus monopolios y fomenta guerras. Es imposible calcular el número de muertos que se derivan de las acciones del imperialismo francés.

La respuesta que Hollande da a los atentados de París es extremadamente similar a la que dio Bush. Del 11S surgieron las guerras de Afganistán e Iraq, de la “guerra contra el terror” en el exterior se pasó a la guerra contra el enemigo interno, sacrificando para ello los derechos y libertades sobre los que supuestamente se basan las democracias burguesas. Si la infame Patriot Act norteamericana sirvió para criminalizar a buena parte de la población de EEUU tras el 11S, la francesa Ley Constitucional de Protección a la Nación, todavía pendiente de aprobación, propone constitucionalizar el estado de emergencia, es decir, reforzar y proteger de posibles modificaciones posteriores medidas tales como la retención administrativa (detención sin orden judicial ante meros indicios) o las identificaciones arbitrarias por parte de la policía, incluso la retirada de la nacionalidad francesa a individuos nacidos en Francia pero con doble nacionalidad. Tal como pudimos ver durante la cumbre del clima de diciembre pasado, cuando 24 ecologistas fueron mantenidos en arresto domiciliario por “la posibilidad de que participasen en actos violentos”, según el ministro del Interior francés, el estado de emergencia tiene múltiples aplicaciones.

Los atentados de París, acontecidos en un lugar lejano del teatro de operaciones bélico en el que participa Francia, son absolutamente funcionales a los gobiernos burgueses que, posteriormente, se lamentan de las víctimas inocentes y las utilizan para desarrollar su agenda militarista e imperialista. Ninguna reflexión, ningún lamento por los cientos de víctimas que causan sus intervenciones. Más guerras y más agresiones que generarán nuevos sufrimientos y nuevos monstruos en el futuro.

Pero, una vez dicho esto ¿a qué responden los ataques en Beirut o en Estambul? ¿Son Líbano o Turquía potencias al mismo nivel que Francia? ¿Por qué son objeto de atentados del ISIS?

En el espacio geográfico que va desde el Mediterráneo meridional hasta las fronteras de Pakistán no sólo operan las grandes potencias capitalistas. Existen además 4 importantes actores políticos que son Turquía, Israel, Arabia Saudí e Irán, cuyas actuaciones, rivalidades y enfrentamientos se deben tomar en cuenta para poder entender mejor lo que está pasando en esa zona del mundo.

Como se ha podido comprobar, las intervenciones en Iraq y en Siria obedecen principalmente al interés de las potencias occidentales por defender sus intereses geoestratégicos; no obstante, no es menos cierto que otros países de la zona están jugando sus cartas, buscando una posición de ventaja en los posibles escenarios que resulten de estas intervenciones. Esta situación genera que haya choques y alianzas con las grandes potencias. Irán, Turquía, Arabia Saudí e Israel no son espectadores pasivos de lo que está pasando en la zona. Cada uno de ellos tiene sus propios intereses y un grado mayor o menor de vinculación a las grandes potencias imperialistas, sin ser tampoco meros agentes de tales potencias. El escenario de las confrontaciones en el mundo imperialista no es homogéneo ni simplista, por mucho que en ocasiones tengamos que esforzarnos por mostrar a las claras quién es el principal actor o agente de un conflicto, quién lo ha originado y por qué razones lo ha hecho.

A nadie se le puede escapar que entre los países musulmanes, cuyas fronteras muchas veces obedecen al pasado colonial, opera hoy con mucha fuerza la enésima reedición del conflicto histórico entre las dos principales ramas del Islam, chií y suní. Esta confrontación, que ha pasado por diferentes etapas, en nuestro tiempo, es utilizada para encubrir las pugnas por la hegemonía territorial en una zona de enorme valor geoestratégico. Cierto que hay una pugna por ganar la hegemonía en el mundo suní entre Arabia Saudí y Turquía, y ese factor opera, pero también por convertirse en la potencia regional más allá de consideraciones religiosas.

Se ha acusado repetidamente a las monarquías del golfo (encabezadas por Arabia Saudí) y a Turquía de fomentar, financiar y promover el desarrollo y crecimiento del ISIS. En gran medida para desestabilizar las zonas en las que la influencia iraní (chií) venía acrecentándose en los últimos años (principalmente Iraq, Siria y Líbano).

El atentado de Estambul, entre otras cosas, a buen seguro ayudará a acelerar la agenda presidencialista del presidente turco Erdogan, empeñado en eliminar cargas “democráticas” y voces críticas internas en su intento por convertir a Turquía en una gran potencia regional, emulando al difundo Imperio Otomano.

Hay otros muchos elementos a tener en cuenta en esta cuestión, pero seamos serios ¿a nadie le extraña que el ISIS no realice ninguna referencia a Israel ni se muestre beligerante hacia el Estado sionista?

Á.G.