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El Frente Nacional sigue avanzando a pasos agigantados en Francia. Durante las pasadas Elecciones regionales del 6 y 13 de diciembre, más allá de los resultados finales, se consolidó como la opción electoral ultraderechista para gobernar Francia en un futuro más que inmediato.

 

Las características del sistema electoral francés garantizan que las opciones de Gobierno se reduzcan al máximo. En la primera vuelta fue el FN la opción más votada, mientras que en la segunda vuelta, el voto se concentró en la opción de derechas, apartando así al FN de los Gobiernos regionales. Es decir, que todo se reduce a la derecha conservadora ultraliberal o a la ultraderecha igualmente liberal y abiertamente racista.

No vamos a entrar aquí a analizar el sistema electoral francés, que como toda democracia capitalista es un juego electoral con las “cartas marcadas”, o analizar las diferencias entre la derecha y la ultraderecha. Es evidente que el capitalismo francés, desde hace años garantiza Gobiernos estables para la dictadura del capital; ya en el 2002 se dio un voto anti-FN que reforzó en el Gobierno a Chirac, donde incluso el PCF pidió el voto para la derecha. La clase social que ejerce el poder utiliza todos las herramientas a su alcance para garantizar su Gobierno, pero para los y las comunistas es necesario entender el papel que juega aquí la llamada “izquierda”.

A grandes rasgos, la clase obrera francesa ve reducidas sus opciones electorales al poder de los monopolios. ¿Cómo es posible que todo se reduzca a la derecha y la ultraderecha y en garantizar sí o sí el poder de los monopolios? Porque la socialdemocracia del PS y del PCF juegan un papel cómplice en el auge de la ultraderecha y, por tanto, en garantizar el poder de los monopolios. ¿Se puede defender en la calle tal afirmación? Por supuesto que sí. Como en el Estado español, es recurrente que, en cada una de las Elecciones convocadas durante un Gobierno de la derecha, se haga un llamamiento antifascista para luchar contra los privilegios de los Gobiernos de derecha; aquí es muy recurrente que ocurra contra el PP, y de hecho, ya lo estamos viviendo de nuevo. Dicho llamamiento se argumenta bajo el pretexto de la llegada del fascismo y recordando las, más que necesarias, alianzas obreras antifascistas en los años 30, lideradas por los Partidos comunistas. En la actualidad, dichos llamamientos siempre acaban garantizando un Gobierno de los monopolios, se mira como se mire, y es algo que siempre se oculta. Recientemente en Madrid lo estamos viviendo, el “cambio que necesitaba Madrid”, no ha trastocado las condiciones laborales de la clase obrera madrileña. En Francia la estrategia está tan afianzada que las opciones son todavía más radicales en sus posturas; el llamamiento antifascista es votar a la derecha ultracapitalista. Ese falso antifascismo electoral esta haciendo mucho daño y hay que denunciarlo allí y aquí. Aquí es el argumento principal de PSOE, Podemos, IU y de lo que queda del PCE.

Cada Gobierno de la socialdemocracia genera frustración y tiene un reverso: el auge de la ultraderecha. Cada Gobierno del capital “de izquierdas” defrauda, desilusiona y entierra las expectativas de las capas populares por mejorar sus condiciones de vida y, en definitiva, allana el camino para los racistas. Cada vez que un Hollande o un Pablo Iglesias defienden que es posible mejorar la gestión de este sistema retocándolo, generan frustración y estigmatizan a las organizaciones de izquierdas como embaucadores y mentirosos. El PCE saludó la victoria de Hollande y dijo que inauguraría un nuevo aire anti-austeridad en Europa, la realidad es bien diferente.

Pero, ¿es posible entender el auge del FN sólo con estos argumentos? Por supuesto que no, hay que analizar la degradación y guetificación de la vida en los barrios obreros franceses, y sobretodo, que no exista todavía un Partido Comunista fuerte, a pesar de que sí haya organizaciones comunistas que luchan por construirlo. El eurocomunismo del PCF sigue desangrando a la clase obrera y engañando a muchos militantes comunistas y, mientras tanto, avanza la ultraderecha.

Álvaro Luque