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El pasado 13 de diciembre la película El club, del cineasta chileno Pablo Larraín (Post mortem, No), se alzó con el Gran Premio Coral en medio de la sala Karl Marx de La Habana rebosante de público. Para la presidenta del Jurado, la frágil y delicada actriz británica Geraldine Chaplin, que en la inauguración del Festival recibió el premio de interpretación femenina del año pasado por su impresionante trabajo en el filme Dólares de arena, se trata de un merecido galardón a un duro relato sobre el retiro de cuatro curas acusados de pedofilia.

Pero es también un premio a la valentía de su director quien, según manifestó en rueda de prensa, deseaba “levantar susceptibilidades” en su país natal, donde los implicados en procesos similares no reconocen sus culpas ni, mucho menos, se someten a la justicia. En todo caso, precisó la periodista cubana Marilyn Garbey, “una película que al abordar tan polémico tema para cuestionar la conducta ética de seres humanos que hicieron votos de amor al prójimo, apunta con su dardo al centro de la Iglesia Católica que encubrió los abusos”.

El mejor cine del mundo

Junto a este inquietante y desgarrador filme, que entre otros premios también tiene el Oso de Plata de la última Berlinale, el Festival ha presentado 444 películas procedentes de toda América Latina y de buena parte del resto del mundo. De ellas 135 en competición, repartidas en 23 largos, 21 óperas prima, 36 documentales, 33 animados y 22 medio y cortometrajes. La sección “Otras Latitudes”, que como cada año ha despertado gran expectación, ha dedicado en esta ocasión un ciclo al Cine Alemán, con películas tan interesantes como Victoria de Sebastián Schipper o Cuando soñábamos de Andreas Dresen, además de presentar una muestra destinada a divulgar el cine español en Cuba, gracias, entre otras, a cintas tan sugerentes como Felices 140 de Gracia Querejeta y A cambio de nada de Daniel Guzmán. El resto de premios para Largometrajes de Ficción fue para Toro de Neón de Gabriel Mascaro y para La obra del siglo del joven cineasta cubano Carlos Machado Quintela, quienes obtuvieron el Coral Especial y la Mención del Jurado respectivamente. El Premio Coral de Dirección fue para la realizadora brasileña Sandra Kogut, por Campo Grande, una coproducción franco-brasileña que nos hace recorrer una de las ciudades con más contraste del mundo: Rio de Janeiro. Los Corales otorgados a las mejores interpretaciones femenina y masculina fueron a parar a las manos de la mexicana Jana Raluy por su soberbia interpretación en Un monstruo de mil cabezas, y, ex aequo, a las de los también mexicanos Diego Calva y Eduardo Martínez Peña por Te prometo anarquía, una película radical y comprometida sobre la vorágine de la supervivencia urbana. Por otra parte, el Premio de la Popularidad lo conquistó la coproducción hispano-argentina El clan del bonaerense Pablo Trapero (Carancho), un filme representativo del Nuevo Cine Argentino. Homenajes al italiano Marco Bellocchio (Vincere) y al cineasta brasileño Ruy Guerra (Eréndira) pusieron el broche final a un festival que siente la obligación, según palabras de su actual presidente Iván Giroud, de evolucionar con la sociedad cubana y las trasformaciones tecnológicas, pero manteniendo el principio de no ser una empresa sino un evento cultural, público y social. Y que a decir de Geraldine Chaplin, exhibe el mejor cine que se hace hoy en el mundo.

Rosebud