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Es de suponer que prácticamente ningún lector o lectora de Unidad y Lucha desconoce a día de hoy cuáles fueron, a grades rasgos, los resultados electorales en las elecciones parlamentarias venezolanas que tuvieron lugar el 6 de diciembre.

 

Las elecciones a la Asamblea Nacional arrojaron un resultado que, en cierto modo, se veía venir después de varios procesos electorales sucesivos (parlamentarios, estaduales, presidenciales, municipales) en los que los votos a las fuerzas que conforman el Gran Polo Patriótico (GPP) se habían ido reduciendo progresivamente. La brutal campaña de desinformación y manipulación de los últimos meses, generando un clima de emergencia social en el país y en el extranjero, ha ayudado a generalizar la sensación de que la derrota electoral del 6D iba a poner fin al proceso bolivariano.

Tras el 6D, la Asamblea Nacional venezolana, que cuenta con 167 escaños, tiene una mayoría de 109 diputados y diputadas que pertenecen a la coalición Mesa de Unidad Democrática (MUD), 55 al Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, en el que participan el PSUV y el PCV, más 3 diputados que representan a la población indígena y que, aunque electos de forma autónoma, están vinculados a la MUD. La oposición quedaría así con 112 diputados electos que le dan la mayoría calificada (más de 111 diputados) de 2/3 en la cámara, lo que supone la posibilidad de realizar profundos cambios, no solo en el plano legislativo, dando marcha atrás en algunos de los avances del proceso bolivariano, sino también incidir sobre la estructura institucional e incluso promover una Asamblea Nacional Constituyente.

El comunicado emitido por Fedecámaras, organización de la patronal venezolana, el día 7 era suficientemente elocuente al señalar que se felicitaba por los resultados que permiten avanzar para lograr un país “fundado en el esfuerzo de los venezolanos, la fortaleza de su aparato productivo, el emprendimiento y la innovación; por el respeto a la propiedad privada y a las leyes que generan confianza para la inversión”. En los días posteriores, la patronal ha comenzado a exigirle a la MUD la derogación de la legislación inmobiliaria, la derogación de la Ley Orgánica de los Trabajadores, Trabajadoras y el Trabajo (LOTTT) o de la reciente Ley Orgánica de Precios Justos, entre otras medidas.

En este escenario, Venezuela entra en una nueva fase en la que Nicolás Maduro, que tiene mandato presidencial hasta 2019, tendrá que gobernar con un poder legislativo en contra y con capacidad para entorpecer cualquier avance en materia social o laboral.

La puesta en marcha del Parlamento Comunal Nacional, presidido por Diosdado Cabello (hasta ahora presidente de la Asamblea Nacional) abre la puerta a nuevos escenarios políticos, al configurarse como un Legislativo “paralelo” que únicamente podrá desarrollarse, en sentido clasista, si es el pueblo trabajador el que lo hegemoniza y lo convierte en un verdadero contrapoder que profundice rápidamente en el proceso, lo que está por ver todavía.

Los resultados del 6D desglosados.

El sistema electoral venezolano es un tanto complejo para quienes estamos acostumbrados al modelo bicameral español. La Asamblea Nacional venezolana se compone de diputados y diputadas que son elegidos por una doble vía: nominal (directa), en la que se vota al candidato; y mediante lista, en la que se vota a la candidatura. Muy resumidamente, vendría a ser como si el Congreso español estuviese compuesto por unos diputados elegidos mediante listas abiertas y otros mediante listas cerradas.

En tal marco, han sido importantes las alianzas que han repetido la configuración de dos grandes bloques: el Gran Polo Patriótico, encabezado por el PSUV (52 diputados) y el PCV (2 diputados); y la MUD, encabezada por los partidos Primero Justicia (33 diputados) y Acción Democrática (25 diputados). En el futuro queda por ver cómo se sustancian las diferencias personales y de intereses entre los partidos de la MUD, que son públicamente conocidas.

El Partido Comunista de Venezuela, que concurrió bajo el lema “La Fuerza del Pueblo Trabajador”, se consolida ligeramente al lograr 2 diputados electos: los camaradas Óscar Figuera, Secretario General; y Yul Jabour, Secretario de Solidaridad Internacional; además de 3 diputados suplentes. En las elecciones de 2010 sólo Óscar Figuera salió elegido por la circunscripción de Guárico. El resultado global obliga al PCV a redoblar sus esfuerzos organizativos y a acelerar en la apuesta por la profundización del proceso, rescatándolo de la “ineficiencia, la corrupción y la burocracia”, en palabras del intelectual Vladimir Acosta.

¿Por qué este retroceso?

Las palabras de Acosta son significativas y permiten apuntar a uno de los elementos fundamentales que explican este retroceso en el escenario político venezolano. A pesar de las múltiples referencias al socialismo y al poder popular en los discursos oficiales de los principales dirigentes venezolanos, el proceso bolivariano no ha dado pasos firmes en la alteración de la base económica del país ni en la configuración de un poder popular con verdadero peso.

Si bien es cierto que los ingresos petroleros han permitido una elevación considerable de la inversión pública y la puesta en marcha de numerosas iniciativas sociales en campos como la vivienda, y que los avances en materia laboral han colocado a los trabajadores y trabajadoras de Venezuela en una mucho mejor posición que antes de que se iniciara el proceso, ahora todos esos avances están en claro riesgo al no haberse adoptado las medidas necesarias para su salvaguarda por el propio pueblo trabajador.

La base capitalista del país sigue siendo predominante y la apuesta por otras formas de gestión, integradas o combinadas, es insuficiente para romper con la dinámica capitalista porque no altera significativamente la esencia de las relaciones de producción.

En tal entorno es donde han surgido sectores como la “boliburguesía” que, cercanos al poder, han medrado y reproducido las dinámicas corruptas y burocráticas anteriores, lo que además los convierte en elementos refractarios a cualquier profundización en el proceso y que pueden generar desapego o, cuanto menos, distanciamiento, en ciertos sectores populares.

Así es como es posible explicar la paulatina pérdida de apoyos electorales del bloque bolivariano, que se ha visto multiplicada por la incidencia de una campaña de brutal manipulación e intoxicación informativa, principalmente dirigida contra los dirigentes del proceso, pero también contra los elementos más positivos de los últimos años.

Resulta hilarante ver cómo, quienes acusaban a Chávez y Maduro de dictadores, hoy felicitan “el avance democrático” en Venezuela. No obstante, es precisamente la confianza en los mecanismos estatales burgueses la que está poniendo en riesgo todo avance social en el país. Conocemos sobradamente otras experiencias en América Latina donde varios años de conquistas sociales se fueron al traste por la indecisión a la hora de transformar la superestructura política e ideológica, lo cual, sin duda, tiene que ver con la indecisión a la hora de transformar la base económica de los países.

Va siendo hora de que el pueblo trabajador venezolano avance con decisión hacia un modelo radicalmente diferente en lo económico y en lo social. Esa lección hay que extraer de los resultados electorales, porque en la indefinición y en los temores al avance es donde se crece el enemigo de clase.

Ástor García