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Al contrario de lo que se suele creer, el profesorado de las universidades no es homogéneo, sino más bien lo contrario. Encontramos dentro de este grupo trabajadores en situaciones muy dispares: unos con condiciones laborales paupérrimas y un elevado grado de explotación; otros, con prebendas notables y un estrecho contacto con las autoridades de la universidad y las empresas privadas que la controlan.

El injusto modelo organizativo de las universidades, natural en el sistema capitalista, condena a los docentes a una desigualdad vergonzosa. En las aulas podemos encontrar a profesores cansados, cargados hasta arriba de trabajo, obligados a trabajar los siete días de las semana, destinando horas a la enseñanza en clase y más horas a la elaboración de exámenes, a la corrección de ejercicios, a la tutorización de trabajos finales de grado, etcétera.

 

Todos estos profesores aguantan contratos vergonzosos, con sueldos de miseria y una temporalidad inaudita. Algunos de ellos están contratados por un cuatrimestre, incluso por menos tiempo. Su suerte es incierta; no saben dónde estarán al cabo de medio año.

Mientras tanto, en la otra punta de la jerarquía docente, hallamos profesores con comodísimos sueldos y fabulosas prebendas, blindados por contratos que les garantizan una estabilidad con la que los otros maestros no pueden ni soñar. Hablamos de los catedráticos, por ejemplo, pero no sólo de ellos. En todas las facultades podemos encontrarnos ese grupito reducidísimo de profesores que está conectado con las esferas de poder de la universidad, bien sea directamente con la empresa privada y/o con los órganos de gobierno universitarios. Mueven los hilos de las comisiones de docencia, despliegan sus tejemanejes en los departamentos, tienen presencia en juntas de facultad, en el claustro y en los equipos de gobierno.

Dentro de esta categoría solemos tropezar con elementos arrogantes, que desprecian a los profesores temporales o con peores condiciones laborales; están también investidos de un amplio poder sobre el futuro de los estudiantes. Les “orientan” sobre su futuro laboral, les ayudan a gestionar los contactos con otras universidades para los programas de intercambio y gestionan sus prácticas externas en empresas privadas.

Por supuesto, en la realización de todas estas gestiones no suelen dejar de lado sus intereses particulares. Como comentábamos, este grupo de personas suele tener la costumbre de moverse dentro del mundo empresarial de su rama de conocimiento. Suelen ser más conscientes de lo que les conviene a las empresas privadas que lo que interesa a sus alumnos. En ocasiones, dan consejos a estos estudiantes que contravienen su desarrollo académico, que lo dificultan. También realizan la labor de búsqueda de empleados modelo para la empresa privada: aquellos estudiantes que destacan, no sólo por sus méritos académicos sino también por su actitud sumisa, reciben ayuda, orientación e incluso recomendación por parte de estos profesores para pasar a trabajar para esas empresas privadas.

El poder de esos profesores es muy grande y por lo tanto también lo es su influencia en la gestión de la universidad. Suelen tener posiciones marcadamente reaccionarias, contrarias a los derechos estudiantiles, laborales, de asociación, reunión y huelga de profesores, trabajadores y estudiantes de la universidad; trasladan esas posiciones a las reuniones de claustro o de junta de facultad; colaboran en la dinamitación de las condiciones de estudio y de trabajo en los centros universitarios con su participación en equipos de gobierno de facultad o universitarios.

Los comunistas sabemos que el profesorado no es homogéneo. Dentro de él encontramos capas privilegiadas cuyos intereses son coincidentes con los de los monopolios y están enfrentados con los de los trabajadores de PAS y PDI que sufren día a día las agresiones del capital y los recortes del gobierno y la universidad pública. Hay que saber discernir entre unos tipos de profesores y otros y tejer una alianza entre los sectores combativos del profesorado y los del estudiantado.

Domenec Merino