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Es frecuente que nos suenen nombres de grandes investigadores que marcaron hitos científicos y tecnológicos como Faraday, Volta, Galileo Galilei o Servet. Todos ellos compartieron la inquietud por el conocimiento y la dedicación a tareas de investigación y desarrollaron avances que nos han facilitado la vida a las generaciones siguientes. Pero hay una característica destacable en todos ellos y es que pertenecen al mismo género. Es muy difícil, si no imposible, encontrar un nombre de mujer en esta lista.

En el mundo de la computación, es muy conocido el matemático Charles Babbage que desarrolló un mecanismo capaz de realizar cálculo de funciones polinómicas denominado máquina diferencial. Además, diseñó lo que se conocería como la primera computadora programable, la máquina analítica, basada en tarjetas perforadas, que, aunque no llegó a desarrollarse, se reconoce como uno de los pasos más importantes en la historia de la computación.

Asociado a la máquina analítica aparece un nombre, Ada, una mujer que gracias a otra mujer, su madre, tuvo la suerte de poder estudiar matemáticas y música. La madre de Ada intentó que tuviese los conocimientos científicos y tecnológicos necesarios para ser autónoma y alejarla así del mundo de la poesía al cual pertenecía su padre, Lord Byron, al que no llegó a conocer pues se separaron cuando Ada tenía un mes.

Augusta Ada King, Condesa de Lovelace, nacida Augusta Ada Byron en pleno siglo XIX, tenía talento para la lógica y las matemáticas, tanto fue así, que se interesó por la innovación matemática aplicada a la tecnología y, tras conocer el trabajo de Babbage y superar las suspicacias que generaba el hecho de que fuera mujer, convenció al investigador y estuvo durante meses trabajando en su máquina analítica. Fruto del trabajo de Ada, se obtuvieron un conjunto de notas que describieron un lenguaje de programación de carácter general a partir de la interpretación de las ideas de Babbage. Las firmó con sus iniciales AAL, ocultando su condición de mujer.

Es por esto que, a Ada se la conoce como la primera programadora de la historia, pero, como tantas otras mujeres, no tuvo el reconocimiento en su época, sino casi un siglo después en el que se puso de manifiesto lo innovador de sus ideas que dejó plasmadas en sus notas.

El patriarcado, consciente de su ceguera histórica referente a los avances tecnológicos desarrollados por las mujeres se ve obligado a ceder una fecha, el 14 de octubre, como el día dedicado a reconocer el trabajo de las mujeres en la ciencia, las matemáticas y la tecnología, día que ha denominado Día de Ada Lovelace, la primera programadora. Como si con este "día" se pudiese compensar lo injusto del descrédito que han sufrido grandes intelectos femeninos como el de Ada.

Katja Gilly