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La posición geopolítica de Egipto hace de este país uno de los objetivos principales del imperialismo en el Mediterráneo.

Hoy distintas facciones de las clases dominantes tratan de imponer su proyecto político con la intervención contante del imperialismo, donde el ejército ha sido un factor fundamental del control del poder, hoy y en tiempos de Mubarak. Las reivindicaciones populares no se expresan ni en el gobierno de Morsi, ni en el de los militares. El reciente golpe de estado contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes y los cientos de muertes son ejemplo de que la “llamada primavera árabe” y las manifestaciones de indignación no constituyen un camino para superar la situación de explotación y pobreza en que vive una mayoría social en el país. La lucha por el poder obrero y popular y contra el imperialismo debe ser la prioridad en Egipto, y para ello es necesaria la presencia de un Partido Comunista fuerte y sustentado en posiciones del comunismo científico.