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En general, el problema de las limitaciones de los nuevos "procesos emergentes", se encuentra en la contumacia de querer revertir efectos que, sin caer en mecanicismo alguno, tienen causas que no consienten modificación mientras se sigan manteniendo las condiciones actuales. Por supuesto, algún cambio y alguna leve modificación, producto de las buenas intenciones, se producirá, pero "con la Iglesia hemos topado".

 

Efectivamente, la tremenda crisis que atraviesa el capital, en todos los ámbitos y en toda su amplitud geográfica, necesita, para su superación, de una tremenda transformación, apenas comenzada, de sus medios de producción (destrucción y desvalorización del capital utilizado en maquinaria, infraestructuras, materias primas, etc.) y de una, no menos tremenda, extorsión de sangre y vida (plusvalía) de la clase trabajadora que, en lo que a ella se refiere, sí estámásque iniciada, si bien continúa siendo todavía insuficiente para las necesidades de la inversión de capital a una tasa de beneficio conveniente.

Además, España es un país con una inmensa e impagable deuda, tanto pública como privada, que, por si fuera poco, queda encadenada, por un criminal artículo constitucional, a realizar su pago por encima de cualquier consideración social o de otro tipo. Que quede claro que este chantaje constitucional es una artimaña más de la oligarquía, tanto indígena como foránea, y viene dado como un mecanismo que garantiza la extorsión más precisa posible de la clase trabajadora, a la que nos referimos en el párrafo anterior. A la vez cuentan con un artilugio de primera consideración en el, últimamente muy machaconamente entonado, himno del déficit fiscal.

Son dos situaciones políticas e institucionales a las que el capitalismo no va a, no puede en principio, renunciar. No puede quedarse de brazos cruzados, consentir la bajada continua de la tasa de beneficio o, incluso, tolerar iniciativas que pudieran profundizar dicha bajada.

Incluso a muchos de los nuevos actores emergentes podemos concederles sus buenas intenciones respecto a paliar parte de algunas de las más desastrosas calamidades de la actual situación. "Pero de buenos deseos está empedrado el reino del Infierno".

La perspectiva estriba en que la oligarquía ni puede, ni está habituada, a ceder y conceder lo más mínimo. Tan sólo un potente, clasista y organizado frente obrero y popular dirigido por la clase obrera puede empujar a concesiones que tengan trascendencia. Y aquí es donde encontramos el talón de Aquiles de las nuevas "mayorías" emergentes. Su orientación hacia el individuo, los ciudadanos y la gente producen efervescencia, sí, más plena de confusión y sin dirección. Su insistente rechazo a considerar el poder de Estado, poder de clase, y no sólo de delincuentes o chapuceros -que también-; su miopía pretendiendo que el Estado es un mero dispositivo de instituciones que pueden ser manejadas a través de asambleas informáticas y dispuestas a ser utilizadas por el primero que llegue, indican una inconsciencia tremenda ante el problema del poder de Estado o de un falsificación más o menos consciente.

Pero, aún peor, también nos hablan de una posición de clase, la pequeñoburguesa, que, ante la crisis del capital a todos los niveles, nos muestra lo peor de ella, sus continuos vaivenes, sus vacilaciones, sus retrocesos, su altisonante parloteo y, en muchos casos, sus deseos evidentes de pillar cacho y de haber encontrado una magnífica oportunidad para atisbar un cierto futuro personal, que de otra forma se les habría cerrado.

Repetimos, tan solo un potente y organizado frente obrero y popular comandado por la clase trabajadora, que con todas sus consecuencias tenga como objetivo el poder de Estado posibilitaría paliar los efectos infames del capital porque, a la vez, luchará contra las causas que los provocan: la dominación del capital y la explotación que lo sustenta.

Julio Mínguez