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El 17 de junio de 2015 se recordará como el día que marcó un antes y un después para la clase obrera española. En Vallecas, en la Parroquia de San Carlos Borromeo, se concentraron varios centenares de personas para defender y acompañar hasta el último momento al joven Alfon, el primero de los cientos de encausados por participar en tres huelgas generales —absolutamente pacíficas— que ha sido encarcelado.

 

El caso de Alfon es vergonzoso. No se trata ya solo de un montaje policial, sino de un proyecto integral de represión de todo el aparato estatal. La policía se inventó pruebas, los medios de comunicación le criminalizaron, se le encarceló más de 50 días en régimen de máxima seguridad, el poder judicial le condenó sin prueba material alguna y vulnerando los más básicos preceptos de presunción de inocencia. Todo se orquestó en su contra. Y se hizo de tal manera porque se convirtió a Alfon en chivo expiatorio. El caso de Alfon, tan burdo, tan obsceno y tan injusto ha sido como ha sido, precisamente, para dar ejemplo, para demostrar que al que luche con una clara conciencia de clase de nada le va a servir ni el más básico de los derechos en su defensa.

Han hecho de Alfon un símbolo de su represión, de hasta dónde están dispuestos a llegar, y de lo que le espera a todo aquel que luche. Pues bien… Nosotros haremos de Alfon un símbolo de resistencia, de dignidad y de victoria. Tal y como ha demostrado el joven compañero y su familia. Tal y como demostraron los vecinos de Vallecas en la tarde del 17 de junio frente a la Borromeo.

Comienza una nueva etapa de la lucha, en la que el pueblo trabajador ha de estar más unido que nunca, en la que su lucha sea más decidida que antes. Llega un tiempo en el que tenemos que asumir que la lucha, hasta por nuestros derechos más básicos, la vamos a tener que dar con más dureza, expuestos a mayores cotas de represión. Y el ejemplo de Alfon, demostrando cien veces más valor y dignidad que todos los policías juntos que fueron a detenerle, ha de ser la inspiración para toda la clase trabajadora.

Cuando un sistema llega al punto de meter a nuestros jóvenes en la cárcel, inventando pruebas, poniendo a funcionar todo su aparato, policías, jueces, periodistas, políticos, no se le puede consentir ni un ápice de complacencia: hay que destruirlo. Y cuando una sociedad no es capaz de ver o de entender el grado de injusticia de un sistema tal: hay que hacerla despertar. Todo el estado, pero especialmente Madrid, tiene que retumbar con un grito omnipresente: ¡Alfon libertad! Que lo escuche todo el mundo, que sea imposible de acallar.

El gobierno del Ayuntamiento de Madrid no fue capaz de hacer ni una mención de solidaridad el día de la detención de Alfon. Un día después desestimó hacer declaración alguna, respetando el criterio de los tribunales. Pues que le quede claro a Ahora Madrid y a la señora Carmena que quien calla ante una injusticia, es cómplice de ella. Cuando un inocente está en la cárcel, no hay respeto a la legalidad que valga para solidarizarse con él y repara cuanto antes la injusticia. Los cambios, las causas y las movilizaciones que garantizarán un futuro no son aquellas que sacan a la gente cada cuatro años para votar ilusiones baldías, sino los que se construyen en la calle y en los centros de trabajo, uniendo y organizando al pueblo para la lucha.

Que no quede una pared de Madrid sin el grito escrito: ¡Alfon libertad!

A Alfon lo sacamos de la cárcel cueste lo que cueste. Los hijos de la clase obrera no van a ir presos sin que le demos al sistema toda la guerra del mundo.

Eduardo Corrales

Responsable Político del PCPE Madrid