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La táctica consiste en determinar la línea de conducta del proletariado durante un período relativamente corto de flujo o de reflujo del movimiento, de ascenso o de descenso de la revolución; la táctica es la lucha por la aplicación de esta línea de conducta mediante la sustitución de las viejas formas de lucha y de organización por formas nuevas, de las viejas consignas por consignas nuevas, mediante la combinación de estas formas, etc., etc. (). La táctica es una parte de la estrategia, a la que está supeditada, a la que sirve. (Stalin: Fundamentos de leninismo)

 

La cita anterior de Stalin nos sirve de pórtico de entrada para uno de los pilares fundamentales del trabajo de todo Partido Comunista: la táctica y la estrategia. El correcto engarce entre una y otra son la garantía de que el trabajo de la militancia llegue a buen puerto. La incoherencia entre ambas, la certeza de la esterilidad del trabajo realizado.

En columnas anteriores hemos hablado de la importancia que tiene un análisis correcto de la situación concreta en la que se desarrolla la lucha de clases y sobre la cual interviene el Partido. Y ahí radica precisamente el punto de inserción entre la estrategia y la táctica.

Mientras la estrategia es el elemento más estable, la táctica es el factor más dinámico, más flexible. La estrategia, usando palabras de Stalin, es la encargada de determinar la dirección del golpe principal, la táctica, los detalles del cómo. La táctica puede cambiar, aunque la estrategia permanezca inalterada.

El FOPS: estrategia y táctica

En las tesis de nuestro IX Congreso analizamos que la situación por la que atraviesa el capitalismo, en general, y el caso del estado español en particular nos indican que estamos ante la muerte histórica del modo de producción capitalista y, en consecuencia, lo que hoy corresponde a esta situación es la toma del poder político por parte de la clase obrera y la construcción del socialismo, pues no hay margen para ningún tipo de alianza con ningún sector de la burguesía.

Bajo esas premisas la estrategia adquiere la forma de un Frente Obrero y Popular por el Socialismo que aglutine a la Clase y a los sectores populares, en lugar de la vieja propuesta de los llamados Frentes de Izquierdas, emanada del VIII Congreso, y que queda obsoleta ante el nuevo análisis.

El FOPS se apoya en dos herramientas: los Comités para la Unidad Obrera y los Comités Populares y, a su vez, se despliega en dos niveles. Uno de corte estratégico (sucintamente, llevado a lo concreto a través de la nacionalización de los principales medios de producción, salida de la UE, OTAN, Euro, o la salida socialista de la crisis) y paralelamente un nivel táctico definido por propuestas más concretas en el que se incluyen las reivindicaciones específicas de un colectivo obrero popular con el que se trabaja (la defensa de un convenio, la apertura de un centro sanitario en un barrio). El correcto enlace entre uno y otro nivel es la garantía de éxito del FOPS.

Por el contrario, centrarse, por ejemplo, sólo en las propuestas tácticas, dejando al margen el horizonte estratégico, nos reduce a ser muletas del reformismo. Al mismo tiempo, poner el acento en las reivindicaciones más generales supone correr el riesgo de ser incapaces de conectar con las masas obreras y populares.

Así las cosas, si nuestra intervención en los centros de trabajo y en los barrios populares se basa en una sabia combinación de la táctica y de la estrategia ese trabajo dará su fruto, convirtiendo al FOPS en un proceso de acumulación de fuerzas obreras y populares con el objetivo puesto en la construcción socialista.