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Son más de treinta las reformas legislativas de carácter negativo, que se han impuesto sobre el Estatuto de los Trabajadores inicial. Algunas de ellas han venido impuestas por los distintos gobiernos de la nación, otras han sido previamente acordadas con los hoy llamados agentes sociales, o lo que es lo mismo por CCOO y UGT  O por “los mayoritarios”.

 

Esta última, del 10 de febrero del año 2012, aunque aparentemente ha sido impuesta por el Gobierno Rajoy, existía en un pacto anterior, del 25 de enero del mismo año, donde prácticamente todo, a excepción del despido sin causa, estaba pactado por CCOOUGT y la Patronal, pero no fue suficiente para la Patronal, de ahí que recurriera al instrumento en sus manos: el Gobierno de Rajoy.

A lo largo de las últimas cuatro décadas el marco jurídico laboral ha ido sufriendo infinidad de cambios. Las más de cincuenta reformas laborales que lo han ido modelando hasta hoy han logrado hacer desaparecer aquel marco de derechos conquistados que alcanzó su máximo cuando a finales de la dictadura e inicios de la llamada transición política española, la clase obrera logró disfrutar de un marco legal laboral muy superior en garantía de derechos al actual. Lógicamente, ninguno de esos derechos nos fue regalado a la clase obrera española, sino que fueron conquistados al calor de dos décadas de luchas obreras generalizadas que recorrieron todo el estado desde inicios de la década de los 60.

Es mucho el cambio a peor que ha existido en nuestra legislación social, todo ese cambio en contra de los intereses objetivos de los trabajadores, en temas fundamentales: la flexibilidad horaria, el despido sin causa, las modificaciones sustanciales de las condiciones de trabajo, los descuelgues salariales, los descuelgues de convenio, la flexibilidad funcional, la desaparición de las categorías profesionales y su cambio por grupos, la fórmula de representación sindical ante la ausencia de presencia sindical en las empresas, el aumento de la jornada laboral, la destrucción de la negociación colectiva en el sector público, la rebaja en el precio del despido en un 75% a efectos prácticos. 

En todas estas contrarreformas laborales no se puede olvidar el gran pacto social entre Gobierno-Patronal y los “sindicatos mayoritarios” sobre las pensiones, un pacto que afecta al 10% del Producto Interior Bruto del ps y que aumenta la edad de jubilación a los 67 años y proyecta una rebaja tremendade las pensiones hasta el 2027, confirmada con posterioridad por la legislación de Rajoy que desvincula la subida de las pensiones del índice de precios al consumo.

Todo esto unido a un paro superior al 22% de la población activa y que en algunas provincias y comunidades autónomas llega al 33% y en la juventud al 52%.

La aplicación de la nuevalegislación laboral, que en realidad significa un retroceso histórico legislativo, comparable con la inexistencia de derechos laborales a comienzos del siglo XX, ha conllevado la destrucción masiva de puestos de trabajo.

La realidad social de los trabajadores es más cruel todavía, hoy existe un ejército de trabajadores en desempleo y sin prestaciones de protección social que están dispuestos a trabajar por lo que le den y las horas que sean necesarias, situación laboral que viven muchísimos jóvenes que son vilmente explotados por los empresarios demócratas”. O en el campo, donde los trabajadores para conseguir los días mínimos de cotización para el subsidio contributivo, están trabajando por unos salarios testimoniales.

La negociación colectiva ha quedado en una pura pantomima, lo que prima es la ley del empresario demócrata”.

La economía capitalista no funciona y tampoco su institucionalidad, y así lo van percibiendo amplios sectores del pueblo trabajador. Por primera vez desde los últimos días del franquismo se va gestando una crisis en la cúspide, una crisis política que afecta a las instituciones fundamentales en que se asienta la dominación capitalista.

Hay que seguir luchando hasta que la clase obrera tome el poder para establecer las reglas jurídicas que han de regir la sociedad, para llevarlas a la práctica en defensa de la clase trabajadora y de los sectores populares.

Evidentemente que la sociedad actual capitalista no le vale a la clase obrera, el curso de la historia reciente exige un cambio radical, en los derechos políticos, económicos, y en los sociales el poder de la clase obrera el socialismo, lo demás es más de lo mismo, explotación y miseria para nuestra clase por el Estado de turno, ya sea de derechas como de izquierdasreformista  y opotunista.

El capitalismo español trabaja con intensidad, y con muchos recursos, en la búsqueda de un camino de salida a su actual difícil situación. Consciente de la gravedad de la crisis que enfrenta, la burguesía ha puesto a los aparatos del Estado a buscar salidas que impidan el levantamiento generalizado de la lucha obrera de masas bajo dirección revolucionaria del partido comunista.

J.A.