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Las elecciones al Knéset, parlamento de la entidad sionista de Israel, no han supuesto ningún cambio de gobierno. Benjamin Netanyahu, del derechista Likud, se ha impuesto a los laboristas de la Unión Sionista.

La victoria del Likud, con 30 escaños sobre un parlamento de 120, ha forzado pactos de gobierno con diferentes partidos minoritarios, fundamentalmente de diferentes facciones ultraortodoxas como Israel Beintenu o Bayit Yehudi, para conseguir la mayoría necesaria.

 

La tercera fuerza política, la Lista Conjunta, es la representante de la población árabe en los territorios ocupados por la entidad sionista, que con 13 diputados, no deja de ser una fuerza simbólica en un parlamento dominado por el sionismo y la ortodoxia religiosa judía.

El Frente Popular para la Liberación de Palestina, en una declaración del pasado 18 de marzo, define como el resultado electoral ejemplifica claramente el carácter racista de la sociedad sionista. El FPLP señala igualmente que es necesario abandonar cualquier ilusión ante unas eventuales negociaciones de paz y que el ocupante sionista sólo puede ser derrotado si se construye una estrategia nacional unificada de resistencia en todos los frentes y se termina con la división interna de las fuerzas palestinas, las cuales deben confluir bajo un programa unificado en el marco de la OLP.

El nuevo gobierno que salga elegido por este parlamento acentuará la agresividad contra la población palestina, tanto la que vive bajo ocupación como la que vive bajo administración palestina en Gaza y Cisjordania, ya que el propio proyecto de invención y creación de una nación judía precisa de la desaparición física de la población árabe para así construir el Estado Judío. Además, el sionismo tiene como proyecto final la construcción del “gran Israel” que comprenda los territorios comprendidos entre el Nilo y el Éufrates, lo cual explica, en parte, la implicación israelí en los conflictos de Siria e Irak, prestando apoyo directo al ELS y al DAESH, en alianza con las monarquías árabes del Golfo Pérsico.

Pero sería un error considerar a la entidad sionista como una potencia autónoma. Israel está subordinado a los Estados Unidos, y aunque respecto a Irán han mostrado ciertas confrontaciones verbales, la entidad sionista actúa a modo de portaviones yankee en la región y como suministrador de ayuda militar y mercenarios en conflictos sobre los que los USA no pueden intervenir abiertamente.

Los y las comunistas no podemos justificar la existencia de un estado basado en el apartheid y la limpieza étnica como medio de construcción de una nueva “nación judía”. En Palestina han convivido durante siglos árabes de diferentes religiones y etnias, y la justa reivindicación de un Estado Palestino laico, democrático y unificado, que permita el retorno de los refugiados es la única salida a la cuestión palestina.

La propia esencia de Israel es la de portaviones del imperialismo en la región y, al igual que la Unión Europea, no es ni reformable ni humanizable.

El apoyo a la resistencia Palestina es tarea fundamental de los y las comunistas, luchar contra la entidad sionista es luchar contra una pieza fundamental del imperialismo atlantista, articulado por la OTAN y la UE y bajo hegemonía de los Estados Unidos.

El aumento de las confrontaciones interimperialistas a lo largo y ancho de nuestro planeta es consecuencia directa de la profunda crisis que vive el capitalismo, con nuevas potencias emergentes que disputan la hegemonía a los EEUU, que reacciona de forma cada vez más agresiva buscando garantizar sus intereses geopolíticos, energéticos y económicos.

La pequeña y hermosa Palestina sufre de forma desgarradora la brutalidad del imperialismo, nuestro deber es darle toda la solidaridad y apoyo a nuestro alcance.

Ferrán Nieto