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Después de la histórica huelga de 8 meses que tuvo lugar entre octubre de 2013 y junio de 2014, después de casi 150 despidos en la planta de Santa Perpétua, la actividad laboral se reanudó en diciembre de 2014, con más de 8 millones de euros de dinero público que recibieron de la Generalitat. Desde entonces, los medios de comunicación envían mensajes mostrando los nuevos productos que fabrica Panrico, la vuelta a la normalidad de la fábrica y anunciando que 2015 va a ser un año de beneficios.

Pero para ello, la empresa necesita más despidos y ajustes, maltratar más a las trabajadoras y trabajadores por los beneficios económicos. Después del ERE, plantearon un ERTE y la negociación del convenio en cada fábrica por separado. A estos movimientos, solamente la UGT se plantea hacer paros de una hora. Y hace pocos días, 23 despidos más en la planta de Santa Perpétua, los únicos que en la sentencia sobre el ERE, la Audiencia Nacional declaraba ilegales. Hasta ese punto se sabe la empresa segura de los apoyos de las instituciones y gobiernos, y lo que es más importante, de la debilidad de una clase trabajadora desunida y desorganizada. Pero la lucha de las trabajadoras y trabajadores por defender sus puestos de trabajo y sus derechos no ha terminado, a pesar de los golpes y de la desigualdad de fuerzas, siguen de pie y preparan su respuesta, y necesitarán de la solidaridad de clase, que es la única que nos puede hacer ganar batallas.