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La <izquierda> vive tiempos convulsos. No hay día en que no desayunemos con una nueva noticia sobre expulsiones, escisiones y nuevas plataformas. Desde Podemos hasta el PSOE, pasando por las maltrechas filas de Izquierda Unida y el PCE, se suceden los cambios y los nuevos alineamientos. Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Monedero, Tania Sánchez, Mauricio Valiente, Ada Colau, Ángel Pérez, Tomás Gómez, Pedro Sánchez...; personajes que se cuelan a diario en la vida de millones de trabajadores y trabajadoras a través de pantallas de plasma, páginas de periódico, emisoras de radio y redes sociales.

 

El gatopardismo y <crisis del régimen del 78>.

La <ola de ilusión>, el <cambio imparable>, la <convergencia> y las candidaturas de <unidad popular> se presentan a diario en forma de reality show. Pero el fenómeno no afecta sólo a la orilla izquierda del capitalismo español. Por el flanco derecho, históricamente aquejado de un aburrimiento patológico, entran también en escena nuevos actores. Albert Rivera, y el fenómeno Ciudadanos, siguen miméticamente el manual empleado meses atrás con Podemos y Pablo Iglesias: telegenia, juventud, transversalidad... Y un guion perfectamente estudiado al servicio de un <cambio> calculado. La crisis en la cúspide capitalista, consecuencia de la crisis en su base económica, ha hecho que las clases dominantes se hayan puesto en marcha para dirigir ese <cambio>.

Podría citar a Lenin para describir el proceso que vive la política española, pero creo que la manera más gráfica de hacerlo está en El gatopardo, cuando el personaje Tancredi le expone a su tío Fabricio que "si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie." "¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado", "...una de esas batallas que se libran para que todo siga como está".

El único asunto no contemplado por los guionistas de este reality, es que los actores secundarios del proceso son personas de carne y hueso: desempleados, jóvenes a quienes se roba el futuro, obreros y obreras explotados hasta la extenuación, personas expulsadas de su casa, trabajadores inmigrantes frenados con vayas, cuchillas y pelotazos de goma..., con cuyas ilusiones se juega un día tras otro.

Si en algo estamos de acuerdo con los fotogénicos actores del nuevo gatopardismo es en que <el régimen del 78> está es crisis. Y, ¿qué fue ese régimen, sino la nueva forma de dominación adoptada por el capitalismo español en un momento histórico en el que, tras décadas de terror, el franquismo había dejado de servir a los intereses de los monopolios?. Un momento en el que, al igual que en nuestros días, el <cambio> se puso de moda y, entre otras muchas cosas, se pactó un sistema electoral de bipartidismo imperfecto en el que <todos tenían cabida> bajo el <paraguas democrático> de la Monarquía, apuntalado posteriormente un 23 de Febrero.

Crisis bipartidista y <convergencia>. 

La ansiada <ruptura democrática> se quedó en renuncia, compromiso y transición de una forma de dominación a otra. Y es que la realidad es tozuda y las crisis capitalistas continúan siendo cíclicas y cada vez más intensas, la riqueza de unos se acumula explotando a otros, y tras décadas de modernización del capitalismo español, acompañado de una impúdica orgía de corrupción y robo masivo, el pilar bipartista se tambalea ante el hartazgo creciente de nuestro sufrido pueblo.

De nuevo se precisa un <cambio> y, por la <izquierda>, se suceden los movimientos. El PSOE se resiste a seguir los pasos del griego PASOK, y busca nuevos actores estrella para mantener el barco a flote. En Izquierda Unida se pinta un cuadro en el que no es Saturno quien devora a sus hijos, sino que son los hijos quienes devoran a Saturno. Y es que en esta <segunda transición> lo obrero no está de moda. La imagen de sindicalista y de líder barrial no vende como en 1978, entre otras cosas porque hoy no se parte de cuarenta años de heroica lucha antifascista, encabezada por la clase obrera, sino de treinta años de traición a esa causa y de predominio de una corrupta y vendida aristocracia obrera, tan bien representada por la sumisas cúpulas sindicales y el reformismo político. Por tanto, quien en su momento fue pieza fundamental de la <transición>, el PCE eurocomunista, es tirado al basurero de la historia y tratado como un perro muerto, una vez cumplido su triste papel, e incluso es excluido de las asambleas de convergencia, como recientemente ha sucedido en Oviedo. Lo que hoy vende es otra cosa, algo más parecido a lo que en su día fue la anticomunista nueva izquierda, pero más joven, más políglota, cosmopolita y profesional. Un verdadero desplazamiento de clases en el que, en el campo popular, la vieja y corrompida aristocracia obrera es desplazada de los puestos de mando por una rabiosa y ¡sobradamente preparada! pequeña burguesía urbana.

El proceso de <confluencia> se convierte así en un reagrupamiento bajo banderas neo socialdemócratas, a las que con irrisorias resistencias se pliega la vieja guardia eurocomunista. Eso sí, a su manera, pegándose un tiro tras otro en los pies, con una constante fuga hacia Podemos - Ganemos o como quieran llamarse, en forma de goteo y a veces en chorro, y todo ello bajo el aplauso de Gerardo Iglesias, Julio Anguita y algún otro líder del naufragio eurocomunista, que ven cómo esos jóvenes tan preparados pueden ahora culminar su viejo proyecto, plasmado tiempo antes y con mayor lucidez por el señor Santiago Carrillo en <Eurocomunismo y Estado>.

El reality show cuenta, de vez en cuando, con algunos invitados estrella. Desde intelectuales progresistas varios, cuanto más anglosajones o nórdicos mejor, a el gurú de Syriza, la estrella del Partido de la Izquierda Europea... Alexis Tsipras es el nuevo chico de moda, y los dirigentes de IU y Podemos compiten hasta el ridículo para ver quién se parece más a Syriza y con quién se hace más fotos el dirigente europeo de la nueva socialdemocracia. El problema de semejante invitado estrella es que la tragedia griega avanza con rapidez por la vía de sentido único de la Unión Europea del capital y la guerra. Por eso algunos por aquí tratan ya de separarse de lo que sus camaradas hacen en tierras helenas, y repiten cada vez más que Grecia no es España.

El polifónico coro de la <convergencia> se completa con una pléyade de arrepentidos y conversos que actúan como camisas rojas del proceso gatopardista y afean la conducta de la militancia comunista, como siempre, por dogmática y sectaria. Son los mismos que vieron nacer los sóviets en las plazas, allá por el 15 de Mayo de 2011, y que consecuentemente ven en los procesos de convergencia el germen de un Frente Popular, lo que en realidad sólo existe en los más subjetivos recovecos de su propia frustración política. Maestros de la táctica flexible, genios de las mil etapas, que de vez en cuando deberían comparar sus propios sueños con la realidad o reconocer abierta y honestamente que han cruzado definitivamente el Rubicón.

Un camino sin salida, un juego con la ilusión

Uno de los recursos más habituales del oportunismo intelectual de la socialdemocracia, sea más o menos nueva, es la separación hipócrita entre economía y política. Y ahí es donde se juega impúdicamente con las ilusiones de millones y millones de personas. La nueva socialdemocracia no está enfrentada al capitalismo. Sus dirigentes saben perfectamente que sin derrocar el poder de los monopolios, las medidas políticas que proponen son cantos de sirena dirigidos a atrapar los votos -y también los sueños- de un pueblo que sufre y que aspira a vivir dignamente; saben que si el poder les da cierto margen de actuación, muy generoso en estos momentos, es precisamente porque en condiciones de crisis capitalista el oportunismo de ayer y de hoy actúa como válvula de seguridad del propio sistema. Ese mismo sistema que los nuevos socialdemócratas embellecen a diario, generando la falsa ilusión de que es posible una democracia capitalista sin dictadura de la clase dominante, la falsa ilusión de creer en la utopía de dar marcha atrás a la rueda de la historia y, de reforma en reforma, revertir el actual proceso imperialista para llegar a una idealizada fase premonopolista del capitalismo. Son la alternativa recomendada del poder de los monopolios, precisamente porque es la <ilusión> de la gente lo que quieren encerrar en los parámetros de lo aceptado por el poder, e <imaginación> no les falta. O, dicho más crudamente, es utilizando imaginativamente la ilusión de la gente como quieren llegar al gobierno para servir al poder, ofreciendo una gestión socialdemócrata que haga de alternativa a la gestión neoliberal representada por la derecha y la vieja socialdemocracia.

Ninguna tolerancia con el oportunismo y la nueva socialdemocracia.

Por todas estas razones, y a pesar de las viejas y nuevas acusaciones de dogmatismo y sectarismo, ante las que por fuerza de la costumbre esbozamos por adelantado una amplia sonrisa, hoy afirmamos que no puede haber tolerancia ni coexistencia alguna con el oportunismo y la nueva socialdemocracia, y que es una necesidad que la vanguardia ideológica, política y organizativa de la clase obrera se exprese de forma distintiva a través del Partido Comunista.

Ruptura con la UE, el euro y la OTAN, socialización de los sectores fundamentales de la economía y poder de la clase obrera. Lucha de clase y organización de las fuerzas obreras y populares en una alianza, en un frente obrero y popular que apunte a la salida socialista - comunista frente a la barbarie capitalista. En ese camino, estamos por toda unidad. Y al mismo tiempo luchamos abiertamente contra quienes pretenden apartar a la clase obrera de ese camino y conducirla, de nuevo, al pantano capitalista de la conciliación de clases, detrás de banderas ajenas y de falsas ilusiones.

¡Combatiendo a la nueva socialdemocracia!

R.M.T.