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Cómo el fascismo masacró Málaga “La Roja”

La barbarie fascista que asoló España tuvo uno de sus más oscuros capítulos en la masacre de la carretera Málaga-Almería, perpetrada tras la caída de Málaga, en febrero de 1937.

El avance fascista había concentrado en Málaga a miles de personas refugiadas, lo que aumentó el número de personas que, cuando la ciudad estaba a punto de caer, decidieron huir en dirección a Almería, sumándose por el camino habitantes de otras localidades costeras. Entre 100.000 y 150.000 personas protagonizaron la huida, la mayor parte a pie, sufriendo ataques indiscriminados de la aviación y la flota facciosa que generaron varios miles de personas muertas (entre 3.000 y 5.000) y heridas.

El principal cronista de los hechos fue el doctor Norman Bethune, comunista canadiense que, en un ejemplo de solidaridad internacionalista, vino a apoyar al pueblo español, poniendo en marcha un servicio de transfusiones sanguíneas en el frente. Cuando le llegaron rumores de la caída de Málaga, se desplazó con su equipo desde Alicante a Almería para ayudar en lo posible, lo que le permitió utilizar su unidad móvil de transfusión de sangre para transportar personas hasta la capital almeriense, convirtiéndose en testigo directo.

Su huida estaba plenamente justificada: además de las torturadas y encarceladas, el número de personas fusiladas en Málaga hasta 1940 ronda las 20.000, a las que habría que sumar las represaliadas acabada la contienda. Muchos/as aún aguardan en las fosas comunes.

De esta brutal manera, el fascismo aplastó al movimiento obrero, popular y democrático, ahogando en sangre las aspiraciones de las clases populares. Estos crímenes se cubrieron con un manto de vergonzoso olvido tras la muerte del tirano, cuando todo cambió para que lo esencial siguiera igual hasta hoy: el absoluto dominio de los grandes capitales. Esos mismos grandes capitales que financiaron el golpe fascista, que medraron más aún al amparo del régimen franquista, que aniquilaron al movimiento obrero para poder explotar más y mejor a los trabajadores y trabajadoras. Porque el fascismo no surge espontáneamente, por arte de magia. Surge al amparo de los ricos y poderosos, cuando estos necesitan frenar al movimiento obrero. Franco no habría podido triunfar sin el impulso de las grandes fortunas de España y el apoyo militar y financiero del fascismo alemán, italiano y portugués. Y de aquellos polvos, estos lodos.

En un momento en el que el capitalismo arrasa los derechos sociales y laborales conquistados por el resurgido movimiento obrero, debemos recordar nuestro pasado, recordar a quienes murieron en pos de un mundo mejor para las clases populares. Pero sobre todo debemos unirnos y luchar para que ese mundo sea una realidad.