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Siempre es interesante buscar en los datos fríos de los barómetros del CIS fuentes de conocimiento diferentes a las reflejadas en los titulares de los grandes medios de comunicación.

 

Con un tamaño de la muestra de 2500 entrevistas realizadas en 239 municipios de 50 provincias españolas y con un margen de error estadístico de +-2%, podemos afirmar que, al contrario de muchas otras encuestas “ad hoc” que se sitúan interesadísimamente en todos los medios, este trabajo del Centro de Investigaciones Sociológicas es un trabajo serio que, pese a la “cocina” que sin duda contenga para favorecer los intereses estratégicos del Estado, sí podemos utilizar como fuente solvente de datos.

Un país desmoralizado

Que no traga con el discurso de la recuperación económica y tras calificar como mala o muy mala la gestión del gobierno en un 68.9%, dice en un porcentaje del 71.3% que la situación económica futura será igual o peor a la actual porque clarísimamente el mantra del nuevo escenario de recuperación económica que se predica desde el gobierno no cala más que en el 18.4% de ingenuos o apesebrados que sí consideran que la situación mejorará el próximo año que no confía en los políticos y encuentra seguridad únicamente en lo más inmediato que le rodea y, por ello, no duda en calificar la situación política actual como mala o muy mala en un porcentaje del 80,5% y, pese a estar de acuerdo en un 80,2% que la política tiene una gran influencia en la vida de cualquier persona , sólo concede importancia a la misma en su vida un número no superior al 20%, frente al 90% que sí lo hacen de la familia, los amigos y el trabajo. Un grave problema si tenemos en cuenta que “cuando los objetivos y horizontes de la vida se reducen a la existencia de la familia, a las capacidades y a los conocimientos individuales como base de reconocimiento e identidad, el individuo se aísla de los demás, sobre todo de su clase, anulando así la perspectiva de la liberación colectiva”1 y que, pese a informarse mayoritariamente por medios propiedad de la oligarquía; fundamentalmente las noticias de la TV y la radio (68.75%) y la prensa (20%) con lo que ello supone de exposición permanente a la nefasta influencia ideológica del sistema quebrando todas sus capacidades de articular un pensamiento crítico independiente, no consigue romper definitivamente el instinto de clase de una mayoría social que sigue identificando correctamente los problemas que le afectan personalmente en el marco de las relaciones capital-trabajo y señala con claridad (59%) que el paro, la economía , la calidad del empleo y las pensiones son su primer problema. Este dato, unido al que expresa que sólo el 8.1% siente que su principal problema personal es la corrupción y la política, marca el límite de la táctica sistémica de tapar las nefastas y constantes noticias socioeconómicas con permanentes casos de corrupción que, unidos al fútbol y las motos, permitan anestesiar y/o confundir el tiro de la ira social pero, al mismo tiempo, es incapaz de atisbar un horizonte diferente que dependa de sí mismo y su acción política organizándose de forma estable como sujeto con capacidad de decisión sobre su propia vida, pues sólo en los mínimos porcentajes del 4.6% y el 8.5% pertenecen a un partido político o un sindicato. Dato aun más relevante si lo comparamos con el porcentaje nada despreciable de los que declaran haber participado en los últimos 12 meses en una manifestación (18.4%), huelga (8.1%) o participado en una recogida de firmas en la calle (19,70%), pues demuestra que en un amplio sector del pueblo anida la idea de la necesidad de responder a las agresiones del sistema, pero confundido busca su válvula de expresión en respuestas puntuales que, al hacer bandera exclusiva de la movilización sectorial y la horizontalidad y el espontaneísmo organizativo, son incapaces de levantar referentes de lucha que trasciendan en lo organizativo de forma estable y consoliden estructuras en el tiempo.

Fruto de esta realidad el oportunismo, como fuerza emergente en pleno proceso de reestructuración, se convierte en referencia inequívoca para amplios sectores del pueblo

Que depositan en él sus últimas esperanzas de ver cambiar la situación política, pero sobre todo económica y social, de forma favorable a sus intereses. La segunda Transición que venimos denunciando desde el PCPE, tiene como objetivo prioritario mantener los consensos sociales que permitan al sistema seguir aumentando las tasas de explotación en medio de un contexto de creciente pobreza y exclusión social, sin que la situación entre en un escenario de conflicto social incontrolable. Ese papel ya no lo pueden seguir jugando en exclusiva el PP y el PSOE y emerge con fuerza Podemos para situar una alternativa al bipartidismo de la 1ª Transición. Una alternativa que, pese a ser identificada como claramente de izquierdas (64.8%) por las personas encuestadas, rompe absolutamente con el hilo rojo de la Historia y renuncia a cualquier tipo de propuesta clasista, además de conducirse de forma acelerada hacia el espacio centrista capaz de acumular el máximo número de votos. Un nuevo episodio de frustración y desolación a corto plazo con graves consecuencias sobre la capacidad de lucha de un pueblo que se define de izquierdas mayoritariamente (60.10%) y que, en cuanto gestionen el sistema aquellos a los que apoyará masivamente en las próximas elecciones, sentirá en su propia realidad los límites de una propuesta política que más pronto que tarde, chocará con obstáculos insalvables y se volverá contra sí misma por culpa de mantener intactas las relaciones de dominación existentes.

Sin duda, un complejo escenario electoral en el que, además de destacar el avance de Podemos con un 19.3% de proyección de voto –antes de la estimación/cocina del CIS - , por encima incluso de PP y PSOE con un 14.6% y un 18.1% respectivamente, es necesario valorar en toda su dimensión el hundimiento de IU que, incluso sumándole los votos de ICV, se queda por debajo del 5% en un magro 4,2% de votos. El oportunismo sufre un tsunami que en su recorrido va a dejar muchos cadáveres y sobre el que los y las comunistas habremos de situarnos con suficiente claridad programática y de ideas para, basándonos entre otras cosas en el potencial que expresa ese 3.4% de entrevistados que se reclaman comunistas, marcar el camino de la verdadera victoria al pueblo; el camino del poder obrero y la Revolución Socialista. Es un dato, el del 3.4% de comunistas, del que no podemos extrapolar automáticamente nada, pero que sí significa que un porcentaje nada despreciable de trabajadores y trabajadoras de este país piensan que es posible y vale la pena luchar por una sociedad distinta en la que por fin, nuestra clase tenga un futuro libre de explotación y miseria.

Julio Díaz


1 El tiempo y el espacio en la comunicación. Vicente Romano. Ed. Hiru