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Tras el golpe de estado en febrero de este año el gobierno de Kiev se apresuró en convocar elecciones para el 25 de mayo con el objetivo de legitimarse de cara a su pueblo y el mundo. Obviamente ganó el oligarca Poroshenko con más de un 50% de votos. La división del país ya era evidente en esos meses con los hechos de Odessa, Crimea y el inicio de los levantamientos en Donbas.

 

El pasado 26 de octubre se celebraron elecciones a la Rada Suprema de Ucrania. Nuevamente, han ganado las elecciones los candidatos de la oligarquía; la candidatura del primer ministro Arseni Yatseniuk obtuvo un 22'14% de votos y 64 escaños, el presidente Poroshenko obtuvo un 21'81% y 63 escaños, el partido Autoayuda un 10'97% y 32 escaños, el bloque opositor formado por antiguos dirigentes del Partido de las Regiones de Victor Yanukovich cosechó un 9'43% y 27 escaños, el Partido Radical un 7'44% y 22 escaños y Batkivschina de la famosa pro-UE Timoshenko consiguió un 5'68% y 17 escaños. A pesar de que parezca que existe pluralidad política la mayoría de las candidaturas con diputados en la Rada defienden básicamente lo mismo; están formadas por candidatos de la oligarquía, defienden un programa basado en el apoyo al golpe de estado y sobretodo la determinación para llevar a cabo las privatizaciones y reformas económicas para cumplir las exigencias de la UE. De hecho todos los partidos anteriores, excepto el bloque opositor con algunos antiguos miembros del Partido de las Regiones, ya han firmado un acuerdo para crear un gobierno de coalición e iniciar las privatizaciones y acabar literalmente con las ansias de separación del Donbas. La ultraderecha de Sbodova y Pravy Sektor ha bajado su presencia en diputados y en voto directo y han quedado fuera de la Rada al no conseguir un 5%. Eso no quiere decir que la presencia de la ultraderecha haya descendido ni en el gobierno, ni en la Rada. No sólo otros partidos como el Partido Radical, Batkivschina o el Frente Popular del primer ministro incluyen políticas y dirigentes de la ultraderecha, sino que además se da una particular táctica electoral debido a la legislación ucraniana donde el 50% se elige en las listas de partidos y el otro 50% son electos en circunscripciones o distritos uninominales. Eso ha provocado que el líder fascista de Pravy Sektor, Dmitri Yarosh, haya conseguido entrar como diputado en la Rada por su distrito.

Lo más destacado de dichas elecciones es excepcionalidad política en la que se ha sumido Ucrania tras la intervención imperialista de la UE. Un estado de excepción con medidas violentas y coercitivas contra los derechos y libertades de la población ucraniana y que no cumplen los propios formalismos de la democracia burguesa, sentando así las bases para la guerra y la persecución política. Para situar ideológicamente al gobierno y los partidos de la Rada sirva como ejemplo que por primera vez desde la reinstauración del capitalismo en la URSS en 1991, se ha impedido una candidatura comunista en las elecciones. Allanando aún más, el camino para el triunfo de las candidaturas capitalistas y la presencia de diputados ultraderechistas y fascistas. Además del hecho de que una buena parte de la población del país no ha participado en las elecciones. Antes del estallido de la guerra en Donbas (provincias de Donetsk y Lugansk) vivían 6'5 millones de personas, un 15%, esta población no ha participado en las elecciones organizadas por el gobierno golpista de Kiev pero si han participado en las elecciones de la República Popular de Donetsk celebradas el pasado 2 de noviembre. En dichas elecciones ganaron los actuales primeros ministros de las Repúblicas de Donetsk y Lugansk y lamentablemente no hubieron candidaturas comunistas.

Los bombardeos y el asesinato de civiles, así como la persecución a sindicalistas y comunistas por parte del gobierno de Kiev han sido la norma que marcan la agenda política en Ucrania. Existen ya cerca de 1 millón de refugiados en la región de Donbas y los bombardeos están acabando con vidas, infraestructuras y gran parte de la economía del país. A pesar de los acuerdos y tregua de paz, el gobierno de Kiev mantiene grupos de paramilitares, en su mayoría fascistas, campando a sus anchas y cometiendo crímenes de guerra en el este de Ucrania, entre ellos destaca Dmitri Yarosh (diputado fascista mencionado anteriormente).

Ante estos hechos objetivos propios de un estado de excepción y para nada democráticos, el gobierno de Kiev busca legitimarse para profundizar su política capitalista y seguir los dictados de la UE. A pesar de sus intenciones, la fractura del país y la guerra en el este se lo impiden. Las elecciones buscan una pátina democrática para el gobierno pero no logran esconder la realidad.

Alvaro Luque