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Hubo una vez una edición sorprendente de una compilación epistolar extraordinaria. Por aquellos entonces, a comienzos de los 80, apenas estaba emergiendo la movida de la “década prodigiosa”, Lolo Rico dirigía una colección infantil y juvenil. Esta mujer impulsó programas televisivos muy atrevidos, que forman parte del imaginario infantil colectivo, desde “La Casita del Reloj” a “La Bola de cristal”. Se le ocurre incluir en la referida colección literaria infantil una selección de cartas de la cárcel de Gramsci, prisionero en las mazmorras de Mussolini; cartas que Gramsci escribió a su familia, especialmente a sus hijos: Delio, al que apenas conoció y Giuliano, a quien no llegó a conocer, pues residían en Moscú. Podemos imaginarnos las difíciles circunstancias para entablar comunicación: unas pocas fotografías, el correo tardaba mucho en llegar, el aislamiento en una celda.

 

Por parte de Gramsci, era la única manera de mantener un vínculo con sus hijos en la distancia. Es cuando se pone a prueba, al límite, el potencial de las palabras, de las ideas, las emociones a compartir a través de la tinta y un trozo de papel. Gramsci revive su propio pasado de niño y adolescente sagaz, curioso, amante de la naturaleza y los libros de aventuras. De esta manera crea un mundo de realidad y fantasía, que contará a sus pequeños de una manera lúcida y sencilla, cuentos que nunca pudo susurrar a sus niños. Les invita a conocer la historia y la naturaleza, algo que es muy importante, pero especialmente que aprendan a “sentarse en una silla”, a saber lo que hacer, porque ello es imprescindible.

 

GRAMSCI. EL ARBOL DEL ERIZO. BRUGUERA. BARCELONA. 1981.