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Nacida en Múnich, hija del abogado judío Leo Benario y de Eugénie Gutmann Benario. Su padre, un socialdemócrata que ejercía de abogado voluntario para los trabajadores pobres de las fábricas, le enseñó a preocuparse por los pobres y oprimidos. Siguiendo esta enseñanza y aún más radical que su padre, se unió a la Liga Juvenil Comunista de Alemania en 1923, a los quince años.

Mantuvo una relación sentimental con el líder comunista Otto Braun y, junto a él, Olga destacó en las luchas callejeras contra las milicias nazis, hasta que fueron detenidos. Aunque ella fue liberada, Braun no. Olga participó en el asalto a la prisión de Moabit para liberar a Braun y luego ambos lograron fugarse a la Unión Soviética.

Durante su estancia allí, fue elegida miembro del Comité Central de la Juventud Comunista Internacional. En 1931 se rompió su relación con Braun y fue enviada a París en una misión. Cuando Olga regresó a Moscú, se le dio entrenamiento militar llegando a convertirse en oficial del Ejército Rojo y fue nombrada miembro del Presidium de la Internacional Juvenil Comunista. En esta etapa tuvo una gran actividad política y estuvo casada por breve tiempo con un oficial ruso.

En 1934, se le encarga la misión de acompañar al líder brasileño Luís Carlos Prestes; entran con nombres falsos en Brasil, para apoyar al Partido Comunista de Brasil en la preparación de la revolución. Olga inicia una relación con él y se queda embarazada. En 1936, fueron detenidos en el suburbio carioca de Méier y para evitar que su marido fuera asesinado a quemarropa, Olga se interpone entre él y la policía.

Es apresada y el gobierno de Brasil recibe una orden de deportación, siendo entregada por la dictadura de Getulio Vargas al régimen nazi a pesar de encontrarse embarazada y de que los abogados defensores argumentaran que la niña era ciudadana brasileña.

Trasladada a Alemania, dio a luz en la prisión de la Gestapo y posteriormente pasó por tres campos de concentración: Lichtenburg, Ravensbrück y Bernbug, donde encontró la muerte en una cámara de gas. En ellos se dedicó a levantar el ánimo de las mujeres y trabajar para mejorar sus condiciones, colaborando incluso en un periódico clandestino.

En la última carta que Olga le escribió a Carlos Prestes y a su hija se despide con las siguientes palabras: 

“He luchado por lo justo, por lo bueno y por lo mejor del mundo... Quiero que me entiendan bien: prepararme para la muerte no significa que me rinda, sino saber hacerle frente cuando llegue.”

Ilu