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El 14 de septiembre pasaba a mejor vida el Presidente ejecutivo de El Corte Inglés. El óbito copó las primeras planas de los grandes medios de comunicación, ("figura de referencia", "icono de la marca España"...), visiblemente afectados acudieron a la capilla ardiente representantes del Cuarto Poder junto a figuras de la política, toreros y modistos, a rendir los honores póstumos a este hombre "comprometido con sus trabajadores" a quienes consideraba una gran familia aunque les hacía trabajar en domingo sin pagarles pluses, perseguía a los sindicalistas, despedía a los enfermos/as, y calificaba de inviables y "alegres" los derechos laborales que sin temblarle la mano se fue cargando durante la crisis.

En una coincidencia que algún día será objeto de estudio por la Numerología, murió a la misma edad y en parecidas fechas a su aliado estratégico Emilio Botín, a quien vendió recientemente la mitad de su financiera. A semejanza de éste dejó designado a un pariente (su sobrino falangista) como sucesor. Los negreros de El Corte Inglés y el Santander constituyen auténticas dinastías de oligarcas; después que vengan hablando de nepotismo en los países socialistas, esa lluvia fina que va calando y al final te acabas creyendo que aquí los cargos de poder se eligen por méritos, pero en Cuba y en Corea gobiernan los hermanos y los cuñados.

Recientemente varios medios digitales anunciaron la intención de Podemos de crear un nuevo sindicato.

En un uso recurrente de la primera persona del plural (presente del indicativo), "Somos" es un nombre que suena fuerte para la nueva formación sindical que quiere impulsar el Círculo Sindicalistas de Podemos. "Somos" pretende ser innovador y transversal (a las clases), y sobre todo independiente de toda ideología (obrera). Pretende ampliar la definición de trabajador a grupos no asalariados como los emprendedores, es decir, a empresarios. Compartirá con Podemos sus principios éticos de transformación de las instituciones desde dentro del Sistema hacia un modelo adaptado a las demandas actuales de la sociedad.

Renunciarán a la subvención institucional, tan desprestigiada. Las conquistas de la lucha sindical (acuerdos colectivos, convenios...) son de provecho al conjunto de los trabajadores y trabajadoras y no sólo a quienes pagan la cuota sindical, o sea que, en un país donde, como ha dicho alguien, hasta los clubes deportivos y la iglesia reciben subvenciones públicas, la cuestión de la financiación sindical no deja de ser lo que es: un debate introducido en la agenda por los explotadores para acabar con el sindicalismo

Renunciarán también a las partidas para formación y a los liberados “que tan funesta fama tienen actualmente”, pero sobre todo renunciarán a la lucha de clases y harán todo lo posible por disimular la naturaleza de clase del Estado, con perlas como “nuestras puertas siempre estarán abiertas al diálogo constructivo con el Estado y la Patronal sobre unos principios de equilibrio y común protección de los más débiles”. O esta otra: “Desde SOMOS, exigiremos al Poder Legislativo que revoque aquellas leyes que atentan contra la población (¿¿??) y que promulguen otras nuevas basadas en la equidad y la justicia. Exigiremos al Poder Judicial que las interprete desde la independencia debida con especial sensibilidad hacia el más débil y al Poder Ejecutivo que las haga cumplir con la debida diligencia y profesionalidad.” Los tres Poderes al servicio de la ciudadanía toda, ¿no es maravilloso? ¿A nadie le suena el ideario de superación de la conflictividad social y laboral a partir del encuadramiento obligatorio de trabajadores y empresarios en organizaciones de representación común? ¿Nadie se acuerda del sindicato único de todos los (ciudadanos) españoles? ¿Dónde está entonces la novedad? ¿En que los debates y las votaciones se harán por internet?

Marina Quintillán