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Al hilo de la polémica desatada estos días por el descarado uso del cuerpo de las mujeres como una mercancía y un objeto más, conversamos con  Andrea, 23 años, jugadora de balonmano playa desde los 15. Su equipo es Super Pantxitas y se ha visto afectado por la polémica del uniforme reglamentario impuesto por Europa. También es jugadora de balonmano pista desde los 9 años, en C.B. San Adrián. 

 

¿Qué pasó en Suances (Cantabria)?

Suances es un torneo que se juega todos los años. Pero este año ha sido diferente. Llamaron por megafonía a un responsable de cada equipo, les dieron un folio donde ponía que había que llevar el uniforme reglamentario, y aunque no llegó a ser una sanción fue un aviso. Esto pasó a 20 de los 21 equipos, y ese que no fue avisado sí que lo llevaba porque juegan en competiciones europeas y porque allí les obligan a ir así.

La medida europea de 2009 fue aceptada por la Federación Española de Balonmano en 2010. ¿Hasta ahora no habéis tenido ningún problema para jugar en camiseta?

No, es más nunca nos han dicho nada. Sí que teníamos oído algo, pero nada más. Ya teníamos pensado que si nos obligaban a llevarlo nos movilizaríamos, por ejemplo con recogida de firmas de todos los equipos de España.

¿Qué opinas respecto a la utilización del cuerpo de la mujer en el deporte? Este hecho ya se había dado en otros deportes como el vóley playa.

Me parece mal, que la gente diga que es un reclamo. De por si el balonmano playa ya da espectáculo, con giros, saltos…entonces no es necesario exhibirnos para atraer a más personas. Que viene gente a vernos bien, que no también, nosotras competimos y ya está. 

La medida de Europa es dejar “el estómago al aire”, que el bikini inferior por la parte más ancha no tenga más de 10 cm, mientras que el pantalón de los chicos puede ser holgado y largo. ¿Cómo te hace sentir como mujer y jugadora de balonmano playa?

Como un trozo de carne, porque al final es lo que quieren, enseñar carne para que venga más gente a vernos. Y  aunque se les exigiera a los hombres, que sería algo mejor, también estaría mal. Yo tengo complejos y no me pondría así. Además de que la braga se te puede mover y al final no disfrutaría jugando. Si la norma hubiera seguido adelante tenía claro que no iba a jugar.

Después de 4 años de aceptar la regla, que  iban a imponer el año que viene, parece que en una semana la Federación Española junto con el Consejo Superior de Deportes acuerdan no imponer obligatoriamente  la norma internacional, aunque solo a nivel estatal. ¿Por qué crees que se ha dado este cambio?

Pues básicamente por que ha salido en los medios de comunicación. Si hubiéramos hecho por nuestra cuenta, una carta o recogida de firmas, no habríamos conseguido nada. Ha sido gracias a todo el apoyo que hemos tenido. Porque a día de hoy el presidente seguía diciendo que la medida de Europa era para dar espectáculo. La presión mediática le ha podido.

A partir de ahora ¿Que pensáis hacer?

La mayoría de equipos están hechos para pasarlo bien, no llegan a jugar en Europa. Lo que queríamos básicamente era decidir y,  ya sabiendo en Europa lo que hay,  decidir si ir o no.

Si quieres añadir algo más…

Hemos recibido mucho apoyo también por los equipos masculinos. Y muchos equipos, si no jugábamos como protesta a la medida ellos tampoco iban a jugar. O si al final sí que tuviéramos que jugar en bikini y top, ellos también lo harían como solidaridad. Este apoyo es mayor porque en Balonmano playa todos nos conocemos por los torneos y así. 

Estamos muy contentas de que haya sido tan rápido, gracias a  la gran repercusión en los medios de comunicación que ha  ayudado muchísimo.

Gracias Andrea por tu tiempo y enhorabuena por haber  logrado  con  vuestro  firme rechazo a la medida,  que los mandamases  de la Federación tuvieran que matizar la decisión y, al menos en competiciones estatales,   se  permita  a   las jugadoras  de balonmano playa  elegir su equipación. 

No obstante, la normativa  sexista de la Federación Europea de Balonmano seguirá vigente  y aún  queda camino que recorrer  en la lucha contra  la cosificación sexual  de las mujeres. 

 

Itsaso Rementeria