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La extracción de plusvalía, objetivo y causa del proceso de acumulación del capital, sobre todo en la modalidad de plusvalía relativa está asentada en la necesidad imparable de acrecentar la productividad del trabajo. Como su propio nombre indica dicha productividad y los frutos de ella han de pertenecer a la clase que los crea: A la clase obrera.

No es así. La burguesía dispone y ejerce su dominio para apropiarse de lo que no le corresponde. Además impone su dominio ideológico para convencernos de que esa propiedad le pertenece de manera natural, por derecho propio. Lo hacen consciente o inconscientemente, aunque cada vez más de la segunda manera. Y de manera más sistemática, ya que es necesario mantener engañadas a las grandes masas trabajadoras para mejor ejercer la explotación.

No es ese el único campo en el que la ideología dominante utiliza su descomunal capacidad de recursos para convencernos a la clase trabajadora de que lo que el capital necesita lo necesita por nuestro bien, Así ocurre en el asunto de las pensiones. Hay una campaña sistemática, incansable, disparando desde todos los ángulos y resquicios para convencernos de que trabajar más años (quien pueda), cotizar más y cobrar menos es una favor hacia nosotros por parte de ellos, a los que se desviven por nuestro bien.

Tras ese afán esconden. aunque se les ve el plumero, su gran interés por llevarnos al huerto de los privadísimos planes de pensiones, por lo que con el fin de eliminar las pensiones públicas basan fundamentalmente sus argumentos en lo que llaman cuestión demográfica, considerando tanto por parte de los gastos -pagos de pensiones- como de los ingresos -cotizaciones por trabajador/a-que en el futuro a causa del progresivo envejecimiento poblacional se producirá una relación trabajador/pensionista ineficiente y absolutamente insostenible para garantizar las pensiones públicas, por lo que desde ya hay que empeorarlas. Las actuales y las futuras.

Dentro de muchos años, ya en el comunismo, la humanidad tendrá que arrostrar determinados problemas que enfrentará con otros fundamentos y convicciones sociales. En la actualidad el argumento demográfico es irrelevante y se utiliza por el capital y sus catarriberas sólo en beneficio propio.

Hay innumerables argumentos dirigidos a rebatir tamaño engaño y algunos muy aprovechables. Habrá que centrar la atención en los más notables desde un punto de vista clasista.

Como se dice más arriba la productividad procede del trabajo y dicha productividad ha aumentado de manera vertiginosa y creciente. Un ejemplo de los muchos que podemos extraer: Un trabajador de la fábrica Audi en Pamplona producía por el año 1960 10 automóviles al año; hoy día esa cifra se eleva a 110 en la Volkswagen actual. Tanto la producción como la productividad se han elevado considerablemente. Lo importante en el momento actual no consiste en cuántos producen, sino en cuánto y en qué condiciones de productividad se da la producción. O sea, el soporte de las pensiones actuales y futuras depende más de la producción y de la productividad alcanzadas, no del envejecimiento de la población En esas consideraciones es donde tenemos que basar el punto de vista de clase y el núcleo de la argumentación ante las masas

El interés de la burguesía en las pensiones públicas estriba en sus ansias de mercantilizar un espacio cerrado actualmente a su necesidad de beneficios, tratando de trasladar a planes de pensiones privadas una nada despreciable masa de dinero y convertirlo en capital, Conseguirían manejar un negocio sin pérdidas para ellos y con grandes beneficios a través de gastos de gestión, hasta un 37% en el total de la vida del plan de pensiones y carecen de responsabilidad en caso de rentabilidad negativa, pues magia asombrosa es el maravilloso "subibaja" de las bolsas. Para ellos dinero gratis para especular, sin intereses que pagar y cobro por gestión. !!!Vaya chollo!!! Las pérdidas son para el que pone el dinero. De nada sirven los indicadores que denuncian la escasa, nula o incluso negativa rentabilidad de los planes de pensiones privados, ya sean personales o mixtos. Se trata de un timo moderno diseñado por auténticos malhechores.

Intentan aterrorizarnos con la quiebra de la caja de pensiones o de la propia seguridad social cuando este nuestro estado del capital está muy por debajo de otros estados, también al servicio de la explotación, en cuanto aportaciones a la asistencia social. Así España dedicó el 25,7 % del P.I.B. a protección social en 2010, "algo" por debajo del 29,4 % de la media de la U.E. El gasto del sistema público de pensiones es del 10%, mientras que el gasto de la eurozona consiste en un 12,2%. Sólo la enorme rapacidad, debilidad y decrepitud de la oligarquía española explica ese ansia por eliminar la ya escasa y rala aportación del gasto.

Por otra parte las pensiones -así como en general la seguridad social, la asistencia médica o la enseñanza- no tienen porqué estar adheridas a una caja especial de aportaciones realizadas en exclusiva por la clase trabajadora (está bien dicho, en exclusiva por la clase trabajadora, forma parte del salario diferido y las aportaciones del empresario son uno más de los costos salariales). Parece que a la clase se le proporciona un trato de "privilegio" que no se concede al ejército, policía, jueces, expresidentes de gobierno, iglesia o casa real. O subvenciones, rebajas fiscales y rescates a monopolios (por ej. las autopistas), multinacionales y banca. O convirtiendo la deuda bancaria en pública pagadera por las clases populares, Todos estos "sujetos de bien" perciben sus gabelas de los presupuestos del estado. Sola la especial y exclusiva caja de pensiones de la clase trabajadora es la que está amenazada por quiebra debido al envejecimiento de la población. Y, claro, hay que salvarla.

Que las pensiones estén reflejadas en y mantenidas por los presupuestos del estado es una reivindicación actual que hay que explicar, difundir y conseguir que prenda en las masas. Que se arroje a la basura los engañosos y falsificadores argumentos de la burguesía, difundidos también para crear un estado de terror y que se sienta como natural la propuesta del capital.

Por tanto:

  • Jubilación general a los sesenta años. Jubilaciones anticipadas en profesiones de esfuerzo y riesgo físico grande. Discriminación positiva para las mujeres.

  • Pensiones suficientes de acuerdo con las condiciones de vida.

  • Cierre gradual del abanico de las pensiones, suprimiendo las diferencias actualmente existentes.

  • Inclusión del gasto de pensiones en los presupuestos del estado.

  • Por la sociedad socialista hacia el comunismo, en la que la productividad del trabajo sirve para satisfacer las necesidades sociales y reside en quien la crea: la clase obrera.

Julio Mínguez