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Pensando en el éxito del deporte en la URSS y en el conjunto de países socialistas, me viene a la cabeza la máxima que, a modo de resumen, expresaba la fórmula de ese triunfo en un inmenso mural a la entrada de unas instalaciones deportivas de La Habana. “El éxito del deporte cubano es su práctica masiva”, o algo muy similar decía ese mural que nada me extrañaría que, casi 20 años después, siga iluminando las constantes victorias del deporte cubano y el día a día de su planificación. En otro momento hablaremos del deporte en el Socialismo y, en concreto en Cuba, haciendo referencia a las declaraciones del padre de la Escuela Cubana de Boxeo, Dr Alcides Sagarra, en la que para pasmo de idiotas y consumistas, afirma con total naturalidad que el eje primario de su filosofía para el triunfo deportivo es la educación del deportista en “una formación sociocultural profunda, basada en la teorías fundamentales de las ciencias humanísticas como el Marxismo – Leninismo”. ¡Qué! ¿sorprendidos? Un ejemplo de plena asimilación y comprensión de lo que es el materialismo histórico y su alcance social totalizador.

Pero volvamos al título de estas notas y, expresada la antítesis a la realidad que nos rodea, trataremos de dar unas pinceladas sobre algunos aspectos de la situación del deporte infantil y su gestión por los ayuntamientos del “cambio”. Idea más que oportuna cuando en plena tormenta electoral serán múltiples las voces que nos llamen a valorar la oportunidad de centrar el voto en las opciones que puedan frenar al trifachito.

Pasados cuatro años de ese espejismo de transformación que, aun someramente, iba a enfrentar la tarea de cambiar el lamentable estado en el que décadas de gobiernos del PP habían dejado a nuestros ayuntamientos, nos damos cuenta que son muchísimos más los aspectos que no han cambiado que los que sí lo han hecho. Excusas para justificarlo muchas y recurrentes: el presupuesto, la quinta columna del PP, la falta de experiencia…., dejémoslo que tampoco queremos hacerle sangre a quienes comulgaron con ruedas de molino antes de entrar a la misa y se imbuyeron de institucionalidad antes de pisar la moqueta, por esa falta absoluta de “formación sociocultural profunda” que señalaba el Dr Sagarra.

Pero en lo lo tocante al deporte infantil y a la escasa atención que le prestan los ayuntamientos, todos pensamos que, por sencillo y popular, sería una de las primeras cosas que cambiarían. Patronatos de deportes desmontados y servicios privatizados con una pésima prestación de servicio, basada en una menor oferta y la sobre-explotación de cada vez menos monitores. Ese fue el panorama que recibieron nuestros amigos del “cambio” y que, conforme a sus programas, debían haber cambiado desde un primer momento dándole un giro de 180º a la dinámica de desmantelamiento de las estructuras públicas de servicio y su entrega a la empresa privada. Convertir en público los servicios e instalaciones antes municipales, y ahora en manos de empresas de los amigos del concejal, era el reto. La realidad lo que nos demuestra es todo lo contrario.

El proceso de privatización se ha mantenido y, en plena lógica del capital, los gestores del cambio lo que han ido propiciando es un proceso de concentración por el que muchas de las empresas de los “amigos” han quebrado y quienes gestionan ahora las instalaciones y los servicios públicos son grandes empresas del sector que, en muchos casos, son filiales de corporaciones como FCC. En su estulticia de querer ser los mejores gestores de la “cosa” estos concejales del “cambio” han valorado positivamente los pliegos a la baja y despreciado el servicio público que debían ofrecer a los usuarios. Un clasismo antiobrero y antipopular que castiga a los niños y niñas de los barrios que son los verdaderos usuarios y usuarias de estos servicios. Un clasismo burgués ¡sí burgués! que favorece a quienes no tienen problema en pagar las cuotas de las instalaciones privatizadas, pero que se esconde y se nos presenta como gestión favorable a los intereses de la comunidad.

Con la excusa de la crisis y el control presupuestario, el cretinismo de estos chicos tan majos de los gobiernos del “cambio”, ha perpetuado la exclusión de cientos de miles de niños y niñas de nuestros barrios que hoy tienen serios problemas para hacer una práctica deportiva constante y monitorizada por profesionales con conocimientos suficientes para sacar el máximo de cada quien en función de sus capacidades. Usemos el ejemplo de las Escuelas Deportivas Municipales y podremos confirmar que en su práctica totalidad, no solo siguen privatizadas, sino que cuatro años después cuentan con una menor oferta de cursos con menos tiempo de duración.

Esta es la realidad de la gestión de quienes en su incapacidad de cambiar nada, también han sido incapaces de sentar las bases para iniciar un proceso que, al menos, en lo ideológico descalifique lo privado y valorice lo público como mejor y necesario.

Paco Montllor Salens