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En octubre de 1931 las Cortes Constituyentes de la Segunda República aprobaron el derecho al voto de las mujeres después de un intenso debate en el que uno de los argumentos usados en contra de aprobarlo era que no se podía confiar en que las mujeres votaran con independencia y a favor de la república, 88 años después el debate sigue siendo intenso y la disputa por el voto femenino se ha vuelto crucial para la estrategia de los partidos. Después de dos años de convocatoria de huelga feminista con un seguimiento masivo en las movilizaciones del 8M, el feminismo se ha situado en el centro de la campaña, las mujeres son el 51% del censo y el 60% de las personas votantes indecisas, es decir cuatro millones aún no han decidido a qué partido apoyarán, según el barómetro del CIS para las próximas Elecciones Generales.

Ante esta perspectiva ningún partido del sistema quiere quedarse fuera de la lucha por el voto de las mujeres, y están desarrollando todo tipo de estrategias para atraerlo. El PP y Ciudadanos no quieren quedarse descolgados de la ola 8M, y tratan de desvincular al feminismo de la izquierda. El PP, con un 57% de mujeres en su electorado, aboga por la igualdad real sin extremismos, cuando estaba en el gobierno se negó a legislar sobre la brecha salarial pues ya es ilegal, y ahora propone impulsar un pacto de Estado al respecto. Cs con un electorado masculinizado desde 2016 presenta un manifiesto feminista liberal, sin ideología y propone regular la prostitución y los vientres de alquiler, al menos en esto son sinceros y proponen legalizar el neoliberalismo en la vida de las mujeres.

El PSOE y Podemos se declaran abiertamente feministas y tratan de capitalizar las movilizaciones protagonizadas por las mujeres y colectivos feministas, queriendo llevarlas cada uno a su terreno, a su cuenta de resultados, un movimiento que lejos de ser único es múltiple y diverso. El Gobierno de Pedro Sánchez saca pecho del Consejo de Ministros con más mujeres de todo el mundo, intenta consolidar su preeminencia de votantes mujeres, es el segundo partido preferido después del PP, y va a la caza del voto joven, las menores de 35 años se declaran feministas en un 60%, y Podemos dándole mayor protagonismo a las mujeres que representan al partido, a pesar del cartel Pablo Iglesias, y su vuelta del hombre a los ruedos, trata de superar el hecho de que tiene más votantes hombres, un 57,6%, que mujeres.

Vox hace bandera contra el feminismo, marcando el debate del trío de la plaza de Colón y el parlamento andaluz, y cosecha un electorado donde el 65% son hombres y solo el 35% mujeres, eso si, todos muy españoles y todos muy anticomunistas.

Estamos de campaña con multitud de tertulias, debates, entrevistas, en las que solo hablan los representantes de los partidos, en ocasiones hablan solo los hombres sobre lo que queremos las mujeres, y en otras hablan mujeres que se apropian de la voz de millones, ninguneando al propio movimiento feminista. Seguramente han entendido erróneamente el lema feminista de… estamos por las que no pueden estar, hablamos por las que no pueden hablar…, esto no significa “sin nosotras”. Significa que somos un movimiento global de sororidad, no quieren darse cuenta que las mujeres queremos decidir por nosotras mismas cómo queremos cambiar esta sociedad injusta, que nos discrimina, oprime y violenta. Que reivindicamos un feminismo que acabe con este sistema, porque los cambios estéticos y las reformas parciales no nos son suficientes, porque un feminismo que no luche contra la explotación de clase, la opresión de género y la discriminación racial no es feminismo. Seguiremos luchando en la calle y, además, votaremos, pero tal como lo ha sido a lo largo de la historia, los cambios revolucionarios vendrán de la mano de las mujeres.

Tatiana Delgado