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Como hemos indicado en diferentes artículos de UyL, el golpe de estado contra el proceso bolivariano de Venezuela comenzó el mismo día del triunfo del comandante Chávez en las elecciones presidenciales de 1998. Desde entonces, el imperialismo, principalmente de EEUU, no ha cesado en su acoso y búsqueda del derribo contra el mismo proceso que, por su naturaleza popular y antiimperialista, rompía el molde que sobre América Latina ha tratado de encorsetar a todos sus pueblos.

Desconociéndose por falta de reconocimiento la fase que se está desarrollando en la lucha de clases en Venezuela -la evidencia de las acciones terroristas difundidas, propagadas, publicadas y publicitadas por los “generales” encargados de diseñar y organizar los planes de intervención (Trump, Pompeo, Bolton, Pence, Abrams, Rubio) y de intentar acabar con el proceso bolivariano y su presidente Nicolás Maduro-, encuentra la complicidad, por falta de denuncia, del resto de gobiernos e instituciones de los países capitalistas, principalmente del polo imperialista de la UE, con el gobierno de Sánchez incluido.

Hasta ahora, las victorias del pueblo bolivariano en los foros internacionales a través de los portavoces del gobierno de Maduro, han sido ejemplares, contando con el papel destacado del canciller venezolano Jorge Arreaza y del embajador ante la ONU y la OEA, Samuel Moncada. Pero agotada ya la fase del “autoproclamado” por su mediocridad e insignificancia política demostrada internacionalmente en los tres últimos meses, cobran relevancia las acciones terroristas con sus instrumentos multifacéticos. Para ello, todas las herramientas necesarias serán empleadas, incluyendo hasta el autosacrificio (el pelele “autoproclamado” ha estado provocando su autodetención). Lo cierto es que el “autoproclamado” es un miserable peón en la partida imperialista, y ya está “quemado” y será sacrificado.

En qué consistirá el episodio terrorista nos lo muestra el sabotaje efectuado contra el cerebro informático de la principal estación hidroeléctrica venezolana (El Guri, en el estado de Bolívar), que ha dejado sin luz a una buena parte del país entre el 7 y el 10 de marzo. El acto terrorista causó un fuerte impacto en la vida social de la mayoría del pueblo bolivariano de Venezuela, que estuvo sin luz durante varios días. Un acto que se inserta en las claves de la guerra cibernética que el imperialismo ya está desarrollando. Un ataque que se efectuó desde Houston y Chicago y que fue incluso preanunciado por el “nazisenador” Marco Rubio. Pero un nuevo fallo se ha producido en los objetivos imperialistas, ya que la respuesta del pueblo venezolano ha sido la de organizarse y combatir a toda intervención exterior y de los antipatriotas reaccionarios y fascistas.

Otro de los aspectos del ataque es el bandolerismo imperialista que requisa los fondos del estado bolivariano con total impunidad, y sin el más mínimo respeto por las leyes internacionales. Desde la orden ejecutiva firmada por el “demócrata” Obama en marzo de 2015, que consagraba la decisión de sanciones contra Venezuela que comenzaron un año antes, se cifran en más de 100.000 millones de dólares. los daños y robos causados al estado venezolano con el fin de que, asfixiando su economía, provocaría el malestar y rechazo del gobierno de Maduro por parte del pueblo. Las más recientes aplicaciones de estas impunes medidas son el bloqueo de 1.200 millones de dólares en oro depositados en el Banco de Inglaterra, y la confiscación de CITGO, filial de PDVSA en EEUU, que puede cifrarse en 30.000 millones de dólares.

Guerra multifacética donde el complot se produce desde el centro del imperialismo pero que cuenta con la colaboración inestimable de los medios de comunicación, los banqueros, las patronales, los gobiernos, las instituciones “democráticas”, los nauseabundos “famosillos”, los reconocidos “tertulianos” de los medios del capital, las sectas evangélicas…, etc, A toda esta estomagante confabulación nazi-fascista, es necesario que el pueblo bolivariano de Venezuela les proporcione “el jarabe vietnamita” que todo criminal merece, porque los siguientes episodios se centrarán en ataques contra edificios públicos, escuelas, hospitales, y, ¡de nuevo!, la amenaza de magnicidio. ¡Contra el imperialismo, organización popular y solidaridad internacionalista!