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Muy a pesar de que la llamada Ley del Deporte sitúa en términos muy claros su prioritaria función social, al afirmar que <<el deporte se constituye como un elemento fundamental del sistema educativo y su práctica es importante en el mantenimiento de la salud y, por tanto, es un factor corrector de desequilibrios sociales que contribuye al desarrollo de la igualdad entre los ciudadanos, crea hábitos favorecedores de la inserción social y, asimismo, su práctica en equipo fomenta la solidaridad. Todo esto conforma el deporte como elemento determinante de la calidad de vida y la utilización activa y participativa del tiempo de ocio en la sociedad contemporánea>>, y que la propia Constitución señala en su artículo 43,3 que «Los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte. Asimismo, facilitarán la adecuada utilización del ocio», la realidad es muy diferente en nuestro país.

En línea con la idea defendida en esta sección de Deportes de UyL de que, en España, el modelo deportivo imperante está absolutamente mercantilizado y que, lejos de velar por la salud y el disfrute social de quienes lo practican o gozan de él contemplándolo, supone un factor más de alienación y consumismo que contribuye a la degradación social; en este nuevo artículo usaremos la referencia de las cifras de los seis mayores presupuestos de la Liga de Fútbol para demostrarlo.

Hablemos solo de números.

Dependiendo de las fuentes, que en función de los datos de cada una de ellas oscila en una horquilla de casi 400 millones de €, la suma de los presupuestos de los seis mayores clubes de fútbol está entre los 1,930 y los 2,379 millones de €. Cifra estratosférica que contrasta con los 193.797,26 € presupuestados en materia deportiva por la Administración General de Estado, o los 29.071.000 € para fomento de la actividad deportiva destinados en los presupuestos de la Generalitat Valenciana para 2019. Si bien es cierto que las competencias están transferidas a la CC.AA, la estimación presupuestaria de éstas en el capítulo de promoción del deporte, ronda los 300 millones de €. Redondeando, podemos afirmar que la suma de los presupuestos para el deporte de las dos principales administraciones del estado, está cerca de los 500 millones de €; es decir, la cuarta parte de los presupuestos de 6 clubes de fútbol.

Una situación insostenible

Sometidos a la imposición de generar y administrar unos recursos acordes a los presupuestos aprobados, los clubes de fútbol son empresas centradas completamente en la consecución de ese objetivo. Analicémoslo sin la pasión propia del aficionado y nos será imposible no desligar los colores y la legítima adscripción de cada quien a su club favorito, de proyectos empresariales opacos liderados por diferentes caudillos de los más turbios entramados empresariales de este país. Desde los encausados presidentes del Barça por fraude fiscal a Florentino Pérez y la operación de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, a individuos como el fallecido Jesús Gil, o toda la recua de presidentes como Enrique Ortiz, Miguel Ángel Ramírez, Fernando Roig, Peter Lim, Heikh Abdullah Bin Nasser Al Thani, …, hay una lista interminable de tipejos que hacen del fútbol una fuente de negocio y promoción personal desde la que acceder a nuevos y mayores negocios. Los famosos palcos de los estadios, donde se adula con todo tipo de favores, insisto, con todo tipo de favores, a otros empresarios y, sobre todo, a políticos corruptos, son la esencia de lo que se constituye en la referencia y paradigma indiscutible del deporte en España.

Los negocios que se fraguan en los palcos, es lo que de verdad importa, y por eso acumula la parte fundamental del dinero que mueve el deporte en España. Lo demás, lo que sí debiera ser el centro de la verdadera promoción deportiva, en torno a garantizar instalaciones y programas públicos que aseguraran la masividad del deporte, queda relegado a las migajas económicas que reflejan los datos que hemos comentado.

Nos rodea un deporte mercantilizado, que depende casi en exclusiva de la generación de los recursos económicos que es capaz de producir, y esa, que nadie lo dude, es la razón de la absoluta preponderancia del fútbol. El que siempre vinimos a llamar el deporte rey, ya hace tiempo que dejó de serlo y se ha convertido en el deporte “imperialista” por su carácter decadente, corrupto, violento y en permanente proceso de concentración para poder sobrevivir. Junto a la reivindicación y la exigencia a las instituciones públicas de asumir su responsabilidad en la promoción del deporte y la denuncia de la renuncia permanente que hacen a esa función privatizándola, es hora que reivindiquemos una práctica del fútbol totalmente diferente a la que hoy conocemos para empezar a socavar las patas de ese “imperio” de basura y alienación que ahoga y coloca en el ostracismo a la práctica totalidad del deporte en España.

Paco Montllor Salens