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En fechas recientes el movimiento obrero y sindical, rememora una efeméride notable en la historia de las luchas de la clase obrera y sus organizaciones: el 14 de diciembre de 1988.

Coincidiendo con ese momento histórico, desde UyL recordamos un hecho que, 30 años después, consideramos un motivo señalado, porque significó una victoria más en el palmarés del Movimiento obrero y sindical.

UyL, entrevista a un protagonista de aquel acontecimiento. Se trata de Onofre Mirón, militante del PCPE desde su fundación, activista sindical desde su juventud y represaliado sindical. El 23 de Diciembre de 1988, recibe carta de despido de la empresa JUGUETES PICÓ en Ibi (Alicante). A partir de ese momento comienza una odisea que duraría meses hasta que una sentencia firme le dio la razón.

UyL.- Onofre, ¿podrías contarnos los motivos reales que llevaron a la dirección de tu empresa a despedirte?

Onofre.- En 1988, llevaba trabajando en la empresa 14 años. Cuando contaba 17 años de edad, entendí qué papel jugaba yo en el tablero laboral y cuál jugaba la patronal, ingresando en CC.OO. el 5 de Julio de 1977.

Desde ese momento, siempre me he mantenido activo en el sindicato y jamás he tenido la más mínima duda, de cuál debe ser mi labor en mi centro de trabajo. Fue mi actitud como activista sindical, la que llevó a la dirección de mi empresa a buscar una “solución” acorde a sus intereses, calculando que, aunque debiera sufragar una indemnización, esa vía sería suficiente, para deshacerse de mí.

Sinceramente, siempre he creído que por suerte para mí, aquella dirección calculó mal aquel paso, pues, con ello lo que consiguió, fue poner a prueba mis capacidades, tanto morales como militantes, además aún era joven y contaba con una herramienta extraordinaria: el PCPE.

En 1988, mi empresa contaba con una plantilla de unas 28 personas y por tanto nos correspondía un delegado de personal. En aquel momento trabajaba en la empresa el secretario general del sindicato local del metal (en esa época aún existían tanto las uniones como los sindicatos locales), por lo que en las elecciones sindicales de 1986, el sindicato había decidido que era él quien debía ser delegado. Quizá por exceso de confianza, se cometió el error de no situar un suplente en la candidatura por si cesaba.

Unos días antes de mi despido, este compañero se puso de acuerdo con la dirección y aceptó causar baja en la empresa a cambio de una indemnización.

El día anterior a mi despido me llamó el gerente y me propuso lo mismo. Lo rechacé argumentando que no estaba en venta. El 23 de diciembre de 1988, me es entregada carta de despido. Algo que cabía esperar.

UyL.- Bueno, el final del caso terminó con victoria judicial, cuéntanos cuáles fueron los pasos que se dieron en los meses que duró esta batalla.

Onofre.- Bueno, no todo fue acción jurídica, sino también sindical y política. Primero señalaré que algún tiempo atrás, yo ya intuía que quisieran despedirme. Por mi parte, inmediatamente informé a mi célula y el partido comenzó a poner en marcha un plan de lucha y movilización.

Naturalmente, también hice lo propio en el sindicato (en ese momento yo era miembro de la Ejecutiva Federal del P.V. del metal de CC.OO.), el cual puso en marcha el dispositivo judicial y sindical (intento de mediación con la Empresa, denuncia pública, asesoramiento, etc).

Las movilizaciones más importantes tuvieron como protagonista al partido, que fue clave para diseñar los pasos que debían darse y con seguimiento de cada detalle del proceso.

Por señalar detalles importantes, destacaré, por ejemplo, la puesta de una pancarta en la entrada de la empresa con el lema “READMISIÓN DEL SINDICALISTA DESPEDIDO POR JUGUETES PICÓ; NO A LA REPRESIÓN SINDICAL” desde el primer día, hasta la celebración del juicio el 23 de febrero de 1989 (¡mira tú por dónde!...), convocatoria de los medios locales de comunicación, entrevistas a pie de pancarta, de radio y televisión local y comarcal, comunicados a la prensa, reparto de hojillas ó, recogida de firmas de la mayoría de mis compañeros de trabajo, entre otras también muy importantes, pero no veo necesario ahondar.

En el aspecto jurídico – sindical, me aprovisioné de cuantiosa documentación con historial anti-sindical que ya sufría desde principios de los 80 por parte de la empresa, denuncias a la inspección a instancias mías con fallo a favor de la plantilla y una buena puesta al corriente a mi abogado, los detalles del acoso sufrido, etc. Con ese arsenal, el día del juicio, mi abogado dejó al letrado de la empresa desnudo de argumentos y el 8 de marzo (otro día notable, pero esta vez luminoso), la magistratura nº 5 de Alicante falló declarando el despido nulo radical (figura jurídica hoy desaparecida) y por tanto me otorgaba a mí el derecho a decidir si volvía a mi puesto de trabajo o ser indemnizado. Naturalmente opté por seguir en mi puesto de trabajo, el que a día de hoy, aún conservo.

UyL.- ¿Cómo viviste, como se vivió en la empresa, en el entorno social, la experiencia tras tu retorno?

Onofre.- Cuando entré por la puerta me sentí poderoso. Tardé varias horas en bajar de la nube. Pareciera que mi primera acción productiva me pertenecía a mí, a mi clase y no al patrón. Fue estimulante el sabor a victoria. Mis compañeras y compañeros, me saludaban con un cariño especial. Todo el mundo me felicitaba. El personal con responsabilidad de mando, me hablaba con respeto, de otra manera. Tras cinco meses sin cobrar, me fueron devueltos de golpe los salarios de tramitación. En la comida tradicional de las vacaciones de verano con la parte de la plantilla que no le daba miedo comer en la misma mesa que yo, tras los postres, leí la sentencia definitiva del tribunal supremo anulando el despido. Todos los compañeros y compañeras se me tiraron a abrazarme. Durante la lectura, otras mesas con comensales de otras fábricas, se quedaron callados hasta terminar mi lectura y se levantaron aplaudiendo, bueno, demasiado emotivo como para olvidar los detalles. Eran momentos felices que disfruté muchísimo Ahora tocaba poner los pies en el suelo y retomar mi situación con todas sus consecuencias.

UyL.- Treinta años, es mucho tiempo ¿Cómo te has desenvuelto todo ese período?

Onofre.- Estos treinta años transcurridos no han sido para nada fáciles. Cuando ya tenía los pies donde los había dejado 5 largos meses antes, me recordaba a mi mismo una y otra vez, porque dije que no me rendí en su momento y porque no lo iba a hacer ni ahora ni nunca, y que aquella victoria no solo pertenecía al partido y a mí, sino a toda la plantilla de la fábrica y a toda la clase obrera en general. Aunque lo tengo grabado a fuego, hoy me lo sigo recordando; por si acaso.

No pasó mucho tiempo hasta que reapareciera el mobbing. Con insistencia, el gerente me seguía ofreciendo mi salida de la empresa con indemnización. Seguí sufriendo acoso laboral de todo tipo. Llegué a quedarme aislado e incluso fuera de la representación de la plantilla durante 10 años. La dirección consiguió, desde el miedo, que no fuese delegado, e incluso con el peligro de no gozar de la inmunidad ante el despido, del que goza un delegado de personal. Solo contaba con la prueba de que en condiciones similares la empresa no pudo despedirme y tal vez, por ello no iba a hacerlo.

Hace unos quince años, la empresa dejó de ser familiar y fue absorbida por un gigante del juguete y otras industrias y la plantilla ha ido cambiando; ni siquiera está aquel gerente con el que tuve que aplicarme. Actualmente somos unos 80 de plantilla y un comité de cinco, del que formo parte desde hace 10 años. Tengo la sensación de que el comité actual, de mayoría CC.OO., debe haber hecho algo bien, pues la dirección no está contenta con nuestro modo de representación. El 17 de Enero tendrán lugar las próximas elecciones sindicales y aunque me van faltando poco más de seis años para la jubilación, aún tengo fuerzas para seguir en la brecha.

Transcurridos todos estos años, ¿Crees que aquella experiencia pudo influir al entorno personal, laboral, social, político..?

Onofre.- Bueno, podríamos destacar aspectos que durante cierto tiempo, sirvieron para marcar un antes y un después. En un primer momento, el municipio de Ibi, industrial donde los haya, conoció el tema y hubo cierto debate. En el proceso de esta batalla, el partido consiguió reunir en la sede del sindicato a comités. de empresa, asociaciones de vecinos, partidos políticos y concejales a título personal, del que salió un comunicado conjunto de todos ellos con repulsa a la empresa y solidaridad contra el represaliado y publicado en la radio local.

Cuando se conoció la sentencia y yo volví a mi puesto, muchas personas, sobre todo trabajadoras, no lo podían creer. Cuando una empresa iba a por un sindicalista, lo común era, en el mejor de los casos, aceptar una indemnización e irse a la calle. En mi caso, se convirtió en una especie de hazaña que dio mucha moral en centros de trabajo. En lo personal, la valoración social hacia mí subió enteros, pero debo decir que solo actué, considerando que es el deber de un militante comunista en las circunstancias concretas y por tanto y sobre todo no rendirse.

Jurídicamente, se hablaba que mi sentencia era el segundo caso después de uno en Sevilla, que alcanzó la jurisprudencia, lo cual, supongo, habrá servido a letrados laboralistas para evitar casos similares.

Sindicalmente, podríamos decir que historias como esta, no sólo fue olvidada, sino que a un servidor, se le negó un pan y una sal que ya venía negándosele desde las estructuras por mi condición de comunista y por ende crítico con sus posturas desclasadas que, tanto daño causaron y siguen causando a la clase obrera en el momento que ésta más necesita a sus organizaciones de clase contra este monstruo capitalista.

En definitiva, podríamos decir que si bien, hoy en Ibi ya casi nadie habla o se acuerda de aquello, sin poder asegurar que aquel episodio tuviera que ver o no, es visible, que después de 35 años de presencia combativa del partido en Ibi y comarca, tanto el PCPE como mí persona, contamos con el respeto de gran parte de la población. Pareciera que a pesar de tantos errores cometidos durante tanto tiempo, hubiésemos acertado en cuestiones importantes.