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Editorial Febrero 2019

En 1898 se desata la que se considera la primera guerra imperialista de la historia. El objetivo no fue otro que el de ocupar la isla de Cuba por parte del naciente imperialismo yanki. El imperio colonial de España toca a su fin, Cuba y Filipinas dejan de ser colonias españolas y pasan a ser ocupadas por los yankis. Crisis del 98 para la burguesía española.

Posteriormente, 1914 Primera Guerra Mundial y, a continuación, 1940 Segunda Guerra Mundial. Las ya potencias imperialistas, que no imperios, se disputan con la máxima violencia el control de territorios y recursos. En ese escenario el proletariado sube la historia como fuerza de paz con la Gran Revolución Socialista Soviética de 1917.

Antes de este ciclo imperialista determinadas contradicciones entre potencias estallaron en diversos lugares. Conflictos, todavía, de carácter colonial. Las Guerras del Opio, y la primera guerra de los Boers.

Las Guerras del Opio (período 1839-1860) enfrentaron al imperio Británico con China, con la participación de Francia en la etapa final. La primera guerra de los Boers (1880) entre los británicos y los herederos de holandeses en el sur de África.

EN LA ÉPOCA DEL IMPERIALISMO

La entrada de EE UU en la guerra por la ocupación de Cuba tuvo un episodio inicial: el hundimiento del Maine. Con este pretexto artificial, pues las investigaciones señalaron que España no tuvo nada que ver con el hundimiento del buque, EE UU pasó a ocupar Cuba, según se firmó en el Tratado de París. Este episodio naval se ha convertido en símbolo de la instrumentalización que el imperialismo puede hacer de cualquier situación para el logro de sus ilegítimos objetivos.

En las últimas décadas: Palestina, Corea, Vietnam, Granada, Puerto Rico, Nicaragua, Yugoslavia, Kósovo, Libia, Afganistán, Siria, Yemen, Irak, Somalia, Sáhara Occidental, Timor, y un largo etcétera, constituyen parte de un largo listado de intervenciones imperialistas, encabezadas principalmente por EE UU, pero también con la participación de Francia, Inglaterra, Italia, España, Colombia, México, Grecia, etc.

En el inicio del siglo XXI el imperialismo ha entrado en una fase superior de su desarrollo histórico. Si Lenin describió al imperialismo como fase superior y última del capitalismo, caracterizándolo certeramente como capitalismo parasitario y en descomposición, en este principio de siglo esas características se agudizan tomando la forma del fascismo que se configuró el escenario propicio para el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.

Hay un principio del materialismo (comunismo científico) que establece que nunca las formaciones históricas van hacia atrás, siempre, con sus altibajos, cada formación histórica camina inexorablemente hacia su agotamiento, empujada por la agudización de sus contradicciones internas.

El imperialismo, en su fase actual, está fuertemente determinado por la contradicción entre el carácter cada vez más social de la producción, y el carácter, cada vez más antisocial, de su apropiación por una oligarquía mundial parasitaria. En palabras de Marx: por la contradicción entre el altísimo desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción existentes (propiedad privada).

Contradicciones irreconciliables que, en la medida que se desarrollan, tensionan todo el armazón de las relaciones sociales y se expresan en conflictos de clase, cada día más irresolubles. Sobreexplotación, precariedad, temporalidad, retribución no salarial del trabajo, creciente ejército de reserva, intercambio desigual, saqueo de materias primas, destrucción de la naturaleza, etc., son las características, cada día más injustas socialmente, de la actual formación histórica capitalista-imperialista.

Esas características de la base material -de la infraestructura-, se expresan en profundos cambios en la superestructura del sistema. Cambios tendentes, todos ellos, a la reacción y al refugio de la clase dominante en las aguas más seguras del ejercicio desnudo de la dictadura del capital, el sionismo y del fascismo.

Golpes de Estado, recortes de derechos y libertades, liquidación del Derecho Internacional y de la soberanía de las naciones, represión cada vez más explícita de toda disidencia política, tortura y desapariciones, secuestros y detenciones ilegales, incumplimiento de los tratados internacionales, incluso los de desarme y limitación de armamentos.

El terrorismo de estado adquiere carta de naturaleza, los servicios secretos de las grandes potencias tienen las manos libres para el asesinato impune (CIA, Moshad, MI5, CNI, etc.) El ejército se vuelve un cuerpo mercenario, sustituyendo al decaído ejército de la patria, y que actúa con licencia para matar en toda situación conveniente, que invade, viola y destruye, cualquier país sin ningún tipo de límite. Los países invadidos son obligados a conceder inmunidad total a las fuerzas invasoras. La OTAN es la mayor organización terrorista internacional que haya existido nunca en la historia.

Este que actúa delante de nuestros ojos es el único capitalismo posible en esta fase histórica. Ahí no hay nada reformable.

LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y EL FRENTE MUNDIAL ANTIIMPERIALISTA

Ante semejante momento la respuesta ha de venir desde el lado obrero de la contradicción. Ese contrario que ha de destruir a la formación capitalista hasta los mismos cimientos. Y la fuerza para ello está en la clase obrera organizada en su Partido revolucionario, y en las alianzas sociales que han de conformar el bloque obrero y popular que ha de ganar la posición de ventaja en la lucha de clases.

Sin una acertada política de masas nada cambiará, sin política de alianzas y sin política de masas podrán darse motines, pero no revoluciones. Y el objetivo necesario es la revolución, “la destrucción del contrario”, y la formación de una nueva unidad superior que siente las bases para colocar a la clase obrera como clase rectora en un nuevo proyecto de sociedad: el socialismo.

El PCPE tiene definido su proyecto, y su práctica política, en estas coordenadas. Fue su razón de ser en su fundación hace 35 años, y lo sigue siendo hoy con un nivel superior de elaboración y de experiencia en la construcción del Partido y en la lucha de clases.

El Movimiento Comunista Internacional tiene que dar pasos de gigante para situarse a la altura de las exigencias del momento. La ausencia de una voz autorizada del MCI en momentos del ataque del imperialismo contra toda la Humanidad será una tragedia para la clase obrera internacional y para los pueblos si, en un proceso acelerado, esta situación no se supera.

El PCPE hoy, una vez más, vuelve a realizar un llamamiento a todas las fuerzas obreras y revolucionarias para avanzar en un amplio proceso de unidad, en un Frente Mundial Antiimperialista que siente las bases para dar la respuesta necesaria a las violencias crecientes del actual sistema de dominación.

El pueblo de Venezuela, y su lucha, exigen una respuesta a la altura de las necesidades derivadas de la intensa agudización de la lucha de clases.

La revolución socialista es el objetivo final de esta línea de desarrollo.