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Iván Pinheiro (Secretario General del PCB – Partido Comunista Brasileño)
“La lucha contra el reformismo y el oportunismo es la principal batalla de los revolucionarios en la actualidad.”

Unidad y Lucha: Camarada Iván, hace unos meses Brasil vivió fuertes movilizaciones populares iniciadas a causa del precio de los billetes de autobús. ¿Podrías comentar qué análisis hace el PCB de esos movimientos?

Ivan Pinheiro: Las manifestaciones en Brasil no se han terminado, sólo se encuentran a fuego lento. El reajuste de las tarifas de autobuses sólo destapó una olla a presión social que mezclaba innumerables insatisfacciones, derramando todas las angustias y demandas del pueblo brasileño, sobre todo de la gran mayoría de la juventud de las capas populares, sin perspectiva de futuro digno. Este estallido desmontó una mentira oficial de los gobiernos reformistas del PT, la de que todos los brasileños vivían felices y en armonía, en un capitalismo “de rostro humano” que favorecía a todas las clases sociales, en el que todos ganaban. Inventaron dos conceptos extraños: “capitalismo de masas” y “sociedad de clase media”.

Para hacerse una idea de la talla de esta manipulación, basta ver que pese al crecimiento del PIB, la desigualdad social sigue aumentando. Los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Según datos del Banco Mundial, pese a ser Brasil la 6ª economía del mundo, está en el puesto 85º en el IDH (Índice de Desarrollo Humano). En América Latina, ocupa el último puesto en la media de años de escolarización y el primero en  abandono escolar en el nivel básico (PNUD/ONU).

Ese discurso era funcional dentro del país, para fomentar la pasividad de los trabajadores, y hacia fuera, para captar inversiones extranjeras y apalancar la posición del capitalismo brasileño en el sistema imperialista.

La opción de los gobiernos del PT a favor de la gobernabilidad institucional burguesa y de afrontar la crisis del capitalismo con más capitalismo está entre las principales causas de la explosión social. Al tomar posesión de su cargo, en 2003, Lula disponía de todas las condiciones para convocar una asamblea constituyente soberana, como hicieron Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, a fin de promover los cambios prometidos en la campaña electoral, con gobernabilidad popular. Por el contrario, nombró al expresidente del Banco de Boston para dirigir el Banco Central y mantuvo intacta la política económica del gobierno neoliberal y entreguista de Fernando Henrique Cardoso, profundizando en el abandono y la privatización de la sanidad, de la educación y de los servicios públicos en general. Actualmente, el gobierno se dedica a la privatización, a gran escala, de autovías, ferrocarriles, puertos, hidroeléctricas, aeropuertos y hasta estadios deportivos.

Dando continuidad a las políticas neoliberales, el PT promueve la entrega de nuestras reservas de petróleo y privilegia a la agroindustria, al sistema financiero y a los grandes monopolios. En este momento, el gobierno promueve una licitación, abierta a las multinacionales, del llamado “Campo de Libra”, un área donde están las mayores reservas de petróleo de la capa pre-sal, en una cantidad superior a todas las reservas brasileñas, desde la fundación de Petrobrás hace sesenta años.

Mientras eximen de impuestos al capital, siguen con la precarización del trabajo (con más y peores empleos) y con la llamada “flexibilización” de los derechos laborales, obviamente a la baja y con reducción de salarios.

Se amplía la política de “superávit primario”, un mecanismo que reduce gastos sociales, para poder pagar a los rentistas una deuda pública que nunca fue auditada. Las cifras del presupuesto nacional para 2014 son impresionantes: ¡42,42% para el pago a los rentistas; 3,91% para la sanidad, 3,44% para la educación! A eso le llaman “responsabilidad presupuestaria”.

Ese es el caldo de cultivo de las protestas: abandono de los servicios públicos, privatizaciones, generalización de la corrupción, falta de empleo y de perspectiva para la juventud. Una de las consecuencias de este cuadro es el descrédito de la política y de los partidos políticos, en función de las alianzas y acuerdos espurios, en un gobierno de coalición con las fuerzas conservadoras, capitaneado por un partido que accedió al gobierno prometiendo transformaciones sociales, pero que sólo se transformó a sí mismo. La burguesía estimula este descrédito, para generalizar el desgaste y apartar a los trabajadores de la política y de los partidos antisistémicos.

Hay signos de agotamiento del ciclo del PT como partido popular, clasista, de masas. Esto no significa su final, sino la consolidación de un proceso de transformismo en un partido del orden, protagonista del bipartidismo en el que la disputa se da, fundamentalmente, sobre la forma de administración del capitalismo. El hecho de que el PT se llame “Partido de los Trabajadores” contribuye a confundir a las masas y a retrasar su experiencia.

¡El pueblo español conoce como ningún otro este transformismo, pues quien implantó el neoliberalismo en este país fue un partido que hasta hoy se presenta como “socialista y obrero”!

Esta explosión popular en Brasil puede volver con una amplitud y una combatividad superiores en el 2014, con la Copa del Mundo de fútbol, un mega evento cada vez más lucrativo para el capital y excluyente para el proletariado. Será un momento en el que las desigualdades sociales quedarán más en evidencia, cuando el pueblo comprenderá que perdió hasta el derecho a su más tradicional y cultural derecho al ocio: la alegría de ir a los estadios de fútbol, ahora privatizados y privativos de las clases más opulentas, debido a los elevados precios de las entradas. Fíjense, que la emergencia de Brasil como potencia capitalista trajo para aquí también las Olimpíadas de 2016.

Estos mega eventos y el “desenfreno” del capitalismo que el PT llama “neodesarrollismo” están destruyendo incluso los derechos a la vida y a la vivienda. Como el capitalismo no pide permiso, va criminalizando la pobreza, barriendo barrios populares, comunidades indígenas, marginales, y afro descendientes. Mientras tanto, el Estado brasileño camina hacia la fascistización, militarizando cada vez más a la policía, reprimiendo y criminalizando a los movimientos populares, mientras los medios de comunicación burgueses reinan soberanos, forjando las versiones y manipulaciones que les interesan, ya que los gobiernos del PT no sólo no tocaron ni un dedo al monopolio de las comunicaciones, sino que lo financian con publicaciones oficiales. 

En esta escalada represiva, se tramita en el Congreso Nacional, con el silencio cómplice del gobierno, una ley “antiterrorista” intencionadamente amplia y evasiva, para servir a la criminalización de las luchas populares y de las organizaciones revolucionarias y tratar de evitar grandes manifestaciones durante los mega eventos deportivos programados.

UyL: Hay quien afirma que el gobierno de Dilma Rouseff y del PT es un gobierno favorable a los trabajadores. ¿Cuál es la postura del PCB al respecto?

IP: Como intenté demostrar en la pregunta anterior, los gobiernos “petistas” están, fundamentalmente, al servicio del capital. No hay gobierno neutro; no hay tercera vía.

El gobierno Dilma parece más neoliberal que el de Lula, solamente porque ahora la crisis del capitalismo sopla también en la dirección de los llamados países emergentes, que se habían beneficiado de ella en la primera década de este siglo. Para retrasar la llegada de la crisis al país, Dilma hace cada vez más concesiones al capital. Su gobierno está siendo orientado por los medios burgueses, por aliados conservadores y por las metas establecidas por las agencias internacionales del capital. Sin embargo, su gobierno es de continuidad, no de ruptura con el de Lula.

En el imaginario de parte de la izquierda latinoamericana, los gobiernos “petistas” aún parecen progresistas; algunos llegan a idealizarlos como antiimperialistas. Eso todavía tiene que ver con el pasado combativo del PT y de Lula, su principal referencia.

Superar esta ilusión, este obstáculo, es de fundamental importancia para que avancemos en la construcción de una unidad de acción continental revolucionaria, anticapitalista y antiimperialista. El PT es hoy un partido sistémico. Domesticó y cooptó a las principales entidades de masas, como la CUT (Central Única de los Trabajadores) y la UNE (Unión Nacional de los Estudiantes). Su aliado principal es un partido de centroderecha (PMDB), que tiene en sus manos la llave del poder legislativo brasileño, presidiendo, al mismo tiempo, la Cámara de Diputados e del Senado, además de ocupar la Vicepresidencia de la República y ministerios estratégicos.

En Brasil, nunca los banqueros, las contratistas, la agroindustria y los monopolios habían obtenido tanta ganancia. La política económica y la política externa del Estado burgués brasileño están al servicio del proyecto que busca hacer de Brasil una gran potencia capitalista, en los marcos del sistema imperialista. Su fetiche es un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, que confiere el status de potencia. Las llamadas multinacionales de origen brasileño, apalancadas por financiación pública, ya dominan mercados en muchos países, especialmente en América Latina, una gran cantera de obras para los contratistas favoritos del gobierno, principales fuentes de financiación privada del PT. Petrobras, presentada como estatal, es una multinacional como otra cualquiera, con más del 60% de sus acciones en manos particulares, vendidas en la Bolsa de Nueva York.

Hoy, el gobierno brasileño es el organizador de la transferencia de la mayor parte de la renta y de la riqueza producida por el país hacia la burguesía, por medio del superávit primario, de la política de elevados tipos de interés y del sistema tributario altamente regresivo. El consumo se estimula con exenciones tributarias a las empresas, con crédito fácil y caro, pero no con aumentos salariales. El resultado es que las familias brasileñas tienen uno de los índices de endeudamiento más altos del mundo, que compromete, de media, el 46% de sus rentas.

UyL: En vuestro país existen diferentes organizaciones que se reclaman del campo comunista. ¿Qué tipo de relaciones mantienen con ellas?

IP: La mayoría de estas organizaciones imagina el imperialismo como el enemigo externo, lo que los lleva a defender lo que unos llaman “proyecto popular y democrático”, otros “nacional desarrollismo” o “liberación nacional”. Prevalece en este campo político el discurso contra el imperialismo norteamericano –como si hubiera otro imperialismo bueno, con el que nos pudiéramos aliar– y contra el neoliberalismo, que ven como un capitalismo “salvaje”, inhumano.

En la visión del PCB, no hay contradicciones antagónicas entre el núcleo hegemónico de la burguesía brasileña y el imperialismo, que no es un “enemigo externo” que deba ser combatido por un frente de conciliación de clase entre el proletariado y la burguesía “nacional”, como dicen los reformistas. Es un enemigo interno, ya que Brasil es parte del sistema imperialista, a pesar de sus contradicciones y de ser todavía un actor secundario, aunque en ascenso.

El PCB, estudiando el capitalismo brasileño desde un riguroso punto de vista marxista, llegó a la conclusión de que está plenamente desarrollado, de que dispone de todas las instituciones y condiciones necesarias para su florecimiento. Con este análisis, llegamos a la comprensión lógica de que la contradicción fundamental de la sociedad brasileña se da entre el capital y el trabajo, lo que nos lleva a concluir que el carácter de la revolución brasileña es socialista. Esto no significa que digamos, como insinúan nuestros detractores, que en nuestro país, el socialismo está a la vuelta de la esquina, porque nos faltan (y mucho) las condiciones subjetivas, entre otros factores en función de la hegemonía reformista y oportunista en el campo que se define genéricamente como izquierda.

Obviamente, tenemos divergencias en la política de alianzas. Las estrategias reformistas implican  aliarse con la burguesía, privilegiar la lucha en el campo institucional. Transmiten a los trabajadores la ilusión de que es posible humanizar el capitalismo y caminar hacia el socialismo por la democracia burguesa, por medio de avances seguros y graduales. Mientras que las estrategias socialistas llevan a alianzas en el campo de las fuerzas políticas y sociales anticapitalistas y antiimperialistas, privilegiando las luchas de masas, antagónicas con el capital, sin descartar ninguna forma de lucha.

Con algunas de estas organizaciones reformistas tenemos unidad puntual en la solidaridad internacional, excepto en la lucha contra las acciones de carácter imperialista de Brasil, y que pueden no ser del agrado del gobierno, como es el caso de la ocupación de Haití, el intenso comercio de armas que Brasil sostiene con Colombia e Israel, el acuerdo militar con Estados Unidos establecido durante el gobierno Lula, denunciado en 2010 por el PCB, y la solidaridad hacia la insurgencia colombiana, en relación a la cual los reformistas quieren mantener distancias para no comprometer su imagen de “demócratas”, de “izquierda moderna”. Consideran que la persistencia de la guerrilla dificulta la integración latinoamericana y la estabilidad de los gobiernos que consideran progresistas. Quieren una “paz” a corto plazo, a cualquier precio, aunque sea la de los  cementerios.

Pero hay también en Brasil organizaciones comunistas con las que tenemos afinidad estratégica y, por lo tanto, también en la oposición a los gobiernos “petistas”. Sin embargo, por una serie de razones, todavía son débiles los lazos que nos unen. Existen finalmente, partidos y tendencias con referencias socialistas, democráticas radicales y libertarias, en parte con vocación reformista, pero con los cuales tenemos unidad, sobre todo en los temas nacionales, en la oposición al transformismo del PT, incluyendo entre ellos una diversidad de organizaciones con referencias trotskistas que, al menos en el caso brasileño, no pueden ser analizadas como un conjunto homogéneo. Nuestras principales diferencias con algunas de estas organizaciones se dan fundamentalmente en el campo de la solidaridad internacional, lo cual no es una cuestión irrelevante para un partido marxista-leninista, como es el caso del PCB, que se reivindica y tiene un comportamiento profundamente internacionalista. Hay organizaciones que le hacen objetivamente el juego al imperialismo en todos los temas internacionales, llegando hasta el punto de apoyar a lo que llaman “rebeldes” en Siria, de caracterizar la Revolución Cubana como una “dictadura capitalista” y considerar que Chávez (Maduro, hoy) y Evo Morales no tienen ninguna diferencia en relación a sus oposiciones oligárquicas al servicio del imperialismo.

Con la eclosión de las manifestaciones callejeras y como consecuencia del aumento de la represión policial (en Brasil existen en todos los Estados una Policía Militar, con Batallón de Choque, como herencia de la dictadura), surgen combativos grupos anarquistas, de corte anticapitalista, pero que subestiman la centralidad del trabajo y de la organización de la clase. Adoptan una línea de insurgencia popular, foquista y horizontal. El PCB, que defiende la radicalización de la lucha de clases y el derecho a la insurrección de los pueblos, comprende la violencia con la que actúan estos jóvenes militantes, muchos de ellos, residentes de las comunidades pobres, movidos por un justo odio a una policía que asesina cada día a sus amigos y parientes. Pese a estar en desacuerdo con su método, no nos asociamos a la campaña de satanización de la que han sido víctimas, incluso por parte de corrientes populares.     

Dentro de este cuadro complejo, el PCB se mueve buscando la unidad puntual, en cada caso concreto, sin mantener ninguna relación exclusiva con ninguna organización política de este amplio y diversificado campo de lo que, a falta de otro nombre, podemos llamar “izquierda”.

UyL: ¿Cómo analizáis los diferentes procesos de integración que se están produciendo en América Latina, como MERCOSUR y ALBA, CELAC y UNASUR?

IP: A pesar de todas las limitaciones, determinadas por el hecho de que, incluso en los países en  los que más se profundizó en los procesos de cambio (Venezuela, Bolivia y Ecuador), sigue vigente el sistema capitalista, el PCB nutre una simpatía moderada con experiencias como el ALBA, un intento de contrapunto a la integración bajo la hegemonía imperialista, que habría sido implantada si el proyecto del ALCA no hubiera sido derrotado por los pueblos latinoamericanos.

El ALBA lucha para ser una integración soberana y solidaria, no sólo entre los gobiernos y los mercados, sino también entre los pueblos de Nuestra América. Pero la reticencia del gobierno brasileño, la desaparición física del Comandante Chávez y la ofensiva del imperialismo en nuestro continente han dificultado su fortalecimiento.

Para entender mejor el capitalismo brasileño, Brasil estuvo contra el ALCA pero boicotea el ALBA, buscando un espacio propio para su desarrollo, en un proceso de competencia no conflictiva con las diversas potencias, valiéndose para esto de la contrapartida por contener los procesos de cambio en la región.

Así es como Brasil, además de boicotear el ALBA, impidió el auge de varias  instituciones que lo habrían fortalecido y ampliado, como el Banco del Sur y el Sucre, un proyecto de moneda común latinoamericana, iniciativas de Hugo Chávez que no pasaron del papel, dada la oposición brasileña. 

En realidad, la estrategia brasileña es ampliar y continentalizar el MERCOSUR, aislando y deshidratando al ALBA. El MERCOSUR, como sabemos, es un proyecto de integración capitalista, liderado por Brasil y secundado por Argentina, al cual Venezuela y otros países sudamericanos vienen adhiriendo, en función de sus necesidades de mercado. Como el llamado Pacto del Pacífico (México, Colombia, Chile y Perú) es un contrapunto, más al ALBA que al MERCOSUR, nada impide que éste y aquél se integren a medio plazo.

Finalmente la CELAC y la UNASUR, pese a la virtud de no incluir Estados Unidos y, en el caso de la primera, incluir a Cuba, son organizaciones interestatales heterogéneas, que abarcan desde los países que ya mantienen TLCs (Tratados de Libre Comercio) con Estados Unidos hasta aquellos que han tenido una postura antiimperialista. Han sido importantes para la adopción de algunos acuerdos y la solución de algunos conflictos, pero incapaces de evitar golpes del imperialismo y de las oligarquías, como en los casos de Honduras y Paraguay, el crecimiento de las bases militares yanquis en la región, además de fingir que están ciegos ante el importante diálogo político para la solución del conflicto colombiano en La Habana. En ambas, la hegemonía es ampliamente capitalista.

En América Latina necesitamos una articulación de fuerzas revolucionarias, anticapitalistas y antiimperialistas, para hacer frente a la hegemonía del Foro de São Paulo, que se transformó en correa de transmisión del capitalismo brasileño para ocupar más espacios en la región.

Intentando afirmar el Foro como brazo regional del neodesarrollismo bajo la hegemonía brasileña, el PT – en alianza con otros partidos reformistas y con aquellos que priorizan razones de Estado - pasa a privilegiar los procesos electorales en detrimento de las luchas de masas, buscando en cada país contribuir política y materialmente a la elección de gobiernos alineados con esta articulación. Esto significó la pérdida del carácter del Foro de São Paulo, que había nacido como una articulación antiimperialista.

UyL: El PCB realizará su 15º Congreso en abril de 2014. ¿Qué objetivos tiene el Partido en relación a este Congreso?

IP: Partiendo del presupuesto de que la estrategia socialista de la revolución brasileña y el análisis de la crisis mundial del capitalismo, elaboradas por el XIV Congreso, son consensuales en las filas del PCB, el Comité Central del PCB decidió concentrar el debate del XV Congreso Nacional sobre cuestiones internas. En la cuestión orgánica destacaremos el balance y perspectivas del proceso que llamamos Reconstrucción Revolucionaria. En lo que se refiere a la línea política, tendrán centralidad las cuestiones de la vía y de las mediaciones tácticas de la estrategia socialista.

El XV Congreso Nacional se dará en un momento especial para el Partido, que experimenta una gran renovación y un crecimiento con calidad, aunque modesto, a partir del XIV Congreso, cuando el PCPE nos honró con su presencia. Actualmente, la mayoría de los militantes del Partido participarán por primera vez en un Congreso del PCB. Ha disminuido la media de edad de la militancia y crece el nivel político e ideológico.

Con esta pauta más orientada hacia cuestiones internas, y ante la necesidad de usar lo mejor de nuestras energías para el compromiso de la militancia en el proceso congresual, tomamos la difícil decisión de no invitar esta vez al conjunto de los partidos comunistas de otros países, lo cual no significa que no recibiremos con afecto a los camaradas de los partidos más identificados con el PCB que quieran presenciar este debate, intercambiar experiencias, opiniones, ofrecer a nuestra militancia sus puntos de vista y estrechar los lazos de amistad y unidad de los partidos comunistas que combaten contra el reformismo.

UyL: En noviembre de este año se realizará en Lisboa el Encuentro Internacional de  Partidos Comunistas y Obreros. ¿Cómo veis el  estado de salud del Movimiento Comunista Internacional y, específicamente, en América?

IP: Seguimos carentes de un nuevo y vigoroso movimiento comunista internacional, lamento tener que incluir aquí el adjetivo revolucionario, pues cada vez las palabras pierden más su sentido. Desgraciadamente, hay partidos que se dicen comunistas, incluso en Brasil, que en realidad son línea auxiliar del capital. No cambian de nombre porque les es funcional para ser aceptados y estimulados por la burguesía, en función de los favores que prestan ilusionando a los trabajadores con la posibilidad de humanizar el capitalismo.

Pero no defendemos una internacional verticalizada y burocratizada, que pretenda dirigir los partidos miembros con manuales de orientaciones estandarizadas, como si los países fueran homogéneos y las revoluciones un producto de exportación. Pensamos en una articulación comunista internacional arraigada en la unidad de acción, con una coordinación que facilite el intercambio de informaciones, las relaciones bilaterales y regionales, contribuya al debate y a la formación política e ideológica, al protagonismo y a la unidad de acción del proletariado a nivel mundial y a la solidaridad de los pueblos en lucha. El ocaso del culto a la personalidad y la no existencia de un “partido guía” son factores favorables a este proyecto.

Esta articulación debe ser llevada al ámbito regional. Hemos visto con buenos ojos un reciente encuentro en Bruselas, que reunió a treinta partidos comunistas (revolucionarios) de varios países de Europa, incluido el PCPE, que han creado una alternativa al reformismo del Partido de la Izquierda Europea que, por cierto, se articula con el Foro de São Paulo en la perspectiva de una internacional social-liberal.

La lucha contra el reformismo y el oportunismo es la principal batalla de los revolucionarios en la actualidad.

UyL: ¿Hay algo más que te gustaría decir a nuestros lectores?

IP: Algo más sobre América Latina, región que se destaca hoy en el tablero de la correlación de fuerzas mundial.

Más allá de la necesidad de reforzar nuestra solidaridad hacia la Revolución Cubana, los procesos de Bolivia y Ecuador y la resistencia de los pueblos, la acción de los internacionalistas debe concentrarse hoy en la lucha de clases que se desarrolla en Colombia y Venezuela. El futuro de América Latina se está jugando en estos dos países de pueblos hermanos, con repercusiones mundiales.

En Venezuela sigue la ofensiva de la derecha, valiéndose de la ausencia física del Comandante Hugo Chávez, del resultado modesto en la victoria legítima de Nicolás Maduro y, principalmente, de las limitaciones de la llamada revolución bolivariana. Una revolución que no avanza, que no empieza a destruir estructuras del estado burgués, a expropiar a las oligarquías y a construir el poder popular, corre el peligro de ser derrotada. Ante el impasse político, se acerca el momento del ajuste de cuentas. Ahí no hay posibilidad de conciliación, de pactos de élites.

La derrota del pueblo venezolano por la oligarquía y el imperialismo impactaría negativamente en la Mesa de Diálogos de La Habana. Del mismo modo, la frustración de estos diálogos, además de fragilizar y amenazar el potente y unitario movimiento de masas colombiano, también influiría negativamente en Venezuela.

Es necesario reforzar nuestra solidaridad con el Presidente Maduro y con el proletariado venezolano, actor principal para garantizar el desbloqueo del proceso bolivariano y su necesario avance hacia el socialismo.

El éxito de la Mesa de Diálogo de La Habana no es sólo un problema de los colombianos, sino de todos los pueblos de América Latina y del mundo. Es necesario desmontar el proyecto imperialista que le atribuye a Colombia el papel que juega Israel en Oriente Medio.

Si los diálogos prosperan, podrá haber en el país un clima favorable para las luchas por las demandas populares, pero no una “paz social”, porque la lucha de clases no se acaba. Frustrados los diálogos, puede darse en Colombia otra fase más de extrema violencia contra el pueblo y sus organizaciones, una marca de la historia del estado terrorista colombiano.

La oligarquía colombiana quiere una paz de los cementerios, rápida, sin costes, para crear un ambiente favorable al desarrollo capitalista. Ayuda a desestabilizar Venezuela para imponer un acuerdo a la baja a la insurgencia. No nos engañemos con el “pacifismo” de la oligarquía y del imperialismo que la dirige. Sólo recurrieron al diálogo porque fracasó su guerra contra la insurgencia, a pesar de todos los inmensos recursos militares y financieros invertidos en el Plan Colombia, de los paramilitares, de las bases estadounidenses, de la  asesoría de la CIA y del Mossad.

Ahora los intereses del pueblo colombiano y de las guerrillas, que se funden en la mesa de diálogo, son una solución política con justicia social y económica, consolidada a través de una Asamblea Constituyente soberana, con amplia participación popular. 

El PCB se solidariza con las guerrillas y las organizaciones de masas colombianas. En este momento, es decisiva la solidaridad con la Delegación de las FARC en La Habana y con la Marcha Patriótica (un movimiento plural y unitario, que congrega a miles de organizaciones políticas y sociales), de cuyo avance y desarrollo depende en gran medida la continuidad y la viabilidad de las negociaciones.

Finalmente, dejamos aquí un saludo fraternal y revolucionario al PCPE (Partido Comunista de los Pueblos de España), con el que compartimos la osadía de contribuir a que un día el comunismo prevalezca en el mundo, poniendo fin a la explotación, a la opresión, a las guerras imperialistas, al hambre y a la miseria.

UyL: Muchas gracias camarada.