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No nos dejemos engañar por el titular del artículo. No vamos a hablar de mujeres de pasarela, ni de la imagen estereotipada que el patriarcado diseña para nosotras encorsetándonos y reduciéndonos a un objeto sexual para uso y disfrute del hombre, alimentando las desigualdades establecidas por el sistema capitalista del que se nutre.

No nos referimos a esos modelos estéticos inalcanzables que no se corresponden con la realidad y cuya única finalidad es mercantilizar nuestros cuerpos y encasillarnos en un papel de mujer perfecta, imagen necesaria si queremos alcanzar el éxito en la sociedad tal y como está establecida.

Tan lejos queda ese ideal femenino como el modelo de mujer emancipada por el que luchamos las trabajadoras. Un modelo que no está cortado por el patrón de ese feminismo burgués que eleva a mujeres “liberadas” a altos cargos para explotar a la clase trabajadora, limitando sus actuaciones a políticas de género que precisamente no vienen a favorecer nuestra situación.

Políticas, como decíamos, que dejan al descubierto el carácter patriarcal de las instituciones que sirven al capitalismo, sometiendo a la mujer trabajadora a una doble, cuando no triple, opresión si sumamos a la derivada del ámbito laboral, las propias del ámbito doméstico y de cuidados, y la sobrecarga de aquellas mujeres que desempeñan alguna tarea de carácter sindical o político.

Nos inculcan desde muy pequeñas el personaje de Superwoman para que aceptemos de manera sumisa la imposición de esa doble jornada como algo natural y no como lo que es, una asignación artificial de roles de género construida bajo un prisma machista y patriarcal que genera la desigualdad entre hombres y mujeres.

Nos someten a un trabajo invisibilizado que ejerce una doble función: beneficiar al Estado capitalista al situar en la esfera privada y sobre nuestras espaldas, todo el trabajo socialmente necesario que debiera estar en el ámbito de servicios públicos gratuitos de calidad, y evitar que se haga efectiva la participación de las mujeres en igualdad en los asuntos públicos.

Pero ni Superwoman, con todos sus superpoderes y su esfuerzo sobrehumano para llegar a final de mes, es capaz de soportar las medidas con las que el capitalismo pretende superar su crisis estructural con el sudor y la sangre de la clase trabajadora.

Por eso, las y los comunistas, conscientes de que no existe un modelo predeterminado de mujer y de que el personaje de Superwoman pertenece al mundo de la fantasía, siendo solo un antifaz (un burka) bajo el que esconder la explotación y la opresión de la mujer trabajadora, decimos no a los modelos impuestos al servicio del capitalismo patriarcal.

Nuestras heroínas son todas y cada una de las trabajadoras que luchan para eliminar las cadenas que el capitalismo nos ha impuesto.

Nuestras heroínas son mujeres anónimas que no se limitan a cuestionar la desigualdad, la violencia, la discriminación, la pobreza y demás lacras generadas por el capitalismo y el patriarcado. Son mujeres que rompen el silencio al que han sido sometidas a lo largo de la historia para gritar en defensa de una sociedad más justa.

Nuestras heroínas son ejemplos de mujeres que lucharon contra la opresión y la explotación. Son las trabajadoras de la fábrica textil Triangle Shirtwaist de Nueva York, son las modistas y tejedoras de Petrogrado, son las bolcheviques, son las republicanas…, son quienes luchan contra el patriarcado y el capital buscando formas de acción política y sindical, generando propuestas para superar esta fase terminal del capitalismo hacia una sociedad libre de explotadorxs y explotadxs.

Nuestras heroínas no tienen nombre propio ni referente alguno. Son mujeres doblemente luchadoras, mujeres empoderadas, mujeres trabajadoras que con su lucha cotidiana abren el camino hacia la emancipación de la mujer y hacia el socialismo-comunismo.

Margarita Zaida