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Las y los trabajadores del Hospital Povisa sufrían recientemente la reducción forzosa de la jornada, una pérdida del 40 % del salario, despidos, pérdida de muchos otros derechos, y, cuando hicieron frente a la patronal, amenazas y coacciones por el ejercicio de los derechos de manifestación y huelga.

Habiendo abortado 30 reuniones con los representantes de los trabajadores, la patronal se saltaba una sentencia judicial favorable a los intereses de éstos (vigencia del convenio anterior hasta 2014). Todo ello ante el silencio cómplice del SERGAS (Servicio Galego de Saúde), Xunta de Galicia, y Consellería. Mientras, los fondos públicos inyectan anualmente 75 millones a una empresa que obtuvo beneficios millonarios en 2012.

Desafiando advertencias y amenazas, los y las trabajadores de Povisa se ponían hace algunas fechas en huelga indefinida contra las medidas de la empresa. Con la huelga consiguieron un compromiso de la patronal para sentarse a negociar el nuevo convenio antes del día 15 de setiembre. Hoy la empresa incumple ese compromiso. No devuelve los permisos retribuidos ni el dinero de los descuentos salariales aplicados. Vuelve a coaccionar y reunir a los trabajadores para sermonearles, pretendiendo asustarlos. Todo sea por incrementar los beneficios y reducir costes, la Biblia de toda empresa capitalista. Así es que Povisa está de nuevo en huelga. Se reanudan las protestas cada jueves a las 4 de la tarde, después de la asamblea. Y para el 5 de octubre organizan un festival popular de apoyo a los huelguistas. Y por un convenio colectivo justo.