Compartir

Esta semana se han sucedido los manifiestos y las convocatorias por el derecho al aborto ¡ Qué bien! Leo y releo, busco y rebusco y echo a faltar algo en la mayoría de ellos.

Muchas convocatorias  son un panegírico de la actual ley de plazos, una  llamada a su cerrada defensa frente a la caverna eclesiástica, que tiene en el brazo incorrupto  de  Gallardón una de sus representaciones en el gobierno de la oligarquía. Intentan conformar un pacto de mujeres, de todas,  sin distinción de clase e ideología,  para frenar  el ataque. Bajo la batuta de las mujeres emancipadas, que casualmente sí tienen ideología y pertenencia a los partidos del reformismo, todas mujeres, todas unidas en la defensa de una causa común que nos afecta como mujeres. Así, sin entrar más a fondo, la cosa aparentemente no pinta mal ¿verdad?  Nos quedamos con la ley  2/2010  y ya vendrán tiempos mejores para ir subiendo el listón. Dicho en lenguaje de la curia  ¡santa Rita, santa Rita que me quede como estoy! Pero claro, como  dice mi compañera de curro “tú,  siempre buscándole los 3 pies al gato y arremetiendo contra todo”.  Es verdad, es lo que tiene buscar las bases materiales de las cosas e intentar hilar un pensamiento coherentemente feminista y de clase.

Para empezar, no vamos a atrincherarnos defendiendo una ley que sigue castigando el aborto, que nos somete a tutela y nos supervisa con 3 días de reflexión ¿cómo se puede hablar de libertad y de derechos bajo esas premisas y ese actuar que nos sigue tratando como seres frívolos necesitados de sensatez y pensera? El mandato, antes y ahora, era y sigue siendo el de ser madres. El aborto en la actualidad continua configurado como un delito, sigue en el código penal y, por tanto, no está configurado como un derecho ni puede ser tenido por tal. Actualmente el derecho a decidir sobre nuestras maternidades sigue mediatizado por cuestiones morales y su ejercicio es limitado, tan limitado que incluso a partir de la 23ª semana de gestación, aunque exista grave riesgo para la vida de la mujer, no está permitido el aborto. Por todo ello, no podemos ni queremos aplaudir lo que no es sino una apropiación de nuestra capacidad reproductiva, como una mercancía más, al servicio de las necesidades del capital y en la actual fase de descomposición del sistema dominante, como mecanismo de control y disciplinamiento de la clase obrera a través del cuerpo de las mujeres. Toda regulación por los gobiernos de turno del derecho al aborto, bajo control de esas necesidades de la oligarquía, no puede concitar la unanimidad de las mujeres, al menos no la de las trabajadoras.

Por otro lado, chirria el llamado interclasista a la unión de mujeres,  modernamente denominado sororidadi, como si  los problemas para el acceso a las IVE fueran de la misma índole para trabajadoras y mujeres de capas populares que  para sus señorías ministras y diputadas o mujeres de las denominadas empoderadas1 y con poder económico, vamos lo que ha venido siendo en la terminología clásica mujeres de la burguesía. Para las trabajadoras, con la ley actual,  el hecho de que la mayoría de interrupciones voluntarias de embarazo se realicen en centros privados, concertados o no, hay  ya una barrera infranqueable por la falta de medios económicos. Las otras, tal vez puedan coincidir   en la defensa de lo actual,   pues el acceso al aborto nunca será  para ellas un problema económico, a lo sumo moral para  las doñas de la oligarquía, pero nada que no cure  una confesión. Pueden  coincidir, sin mayores contradicciones, en una comunidad de intereses  ya que en ningún caso  se  pondrá en cuestión el santísimo negocio de la sanidad privada. Se garantiza el lucro privado y se cumplen los mandatos del déficit  que impone la U.E.  Sin embargo para las mujeres de las capas populares la defensa del derecho al aborto va ineludiblemente unida a la lucha contra los ataques a la  sanidad pública y las privatizaciones. Sin sanidad pública, sin servicios públicos gratuitos,  con los niveles de pobreza cada vez mayores de la clase obrera, el acceso a un aborto libre y seguro para nosotras está denegado. Esta diferencia  fundamental nos hace proponer otros marcos de lucha y de organización en la reivindicación de los derechos sexuales y reproductivos, cerrar los ojos y apuntalar las propuestas que nos ocultan esas realidades sería establecer quimeras de que es posible un capitalismo y un patriarcado de rostro humanos, algo llevadero.

También hay muchísimos comunicados que ponen su acento en la sexualidad, las relaciones afectivas, el derecho al propio cuerpo, la anticoncepción, la educación y un buen número de razones en las que básicamente se pone el acento en la defensa de la individualidad y la autonomía. Muchos de esos argumentos se comparten, pero se reivindican los derechos, también el del aborto, como algo intemporal, eterno y separado de la sociedad en la que se ejercen. Como si el derecho al aborto no formara parte de una superestructura que conforma mentalidades. Como si esa superestructura ideológica no estuviera alimentando y sustentando las relaciones de producción capitalistas. Como si fuera posible el ejercicio de derechos universales, en plenitud de ejercicio, bajo el amparo de leyes y regulaciones de los estados capitalistas, obviando el interés de clase de esos estados.

Que nadie se engañe, no estamos desdeñando oponernos a la reforma que, bajo inspiración sotanosauriaii, se avecina. Únicamente estamos deslindando campos. Separando el campo del reformismo y el colaboracionismo del campo revolucionario. Las y los comunistas del PCPE estaremos el 28- S en las convocatorias de nuestras ciudades clamando por un aborto libre, seguro y gratuito que se preste en los servicios públicos de salud. Estaremos gritando que las privatizaciones matan a la clase obrera. Que las privatizaciones de sanidad impiden actualmente el ejercicio del vigente y limitado derecho al aborto y, que con la reforma tendremos una vuelta de tuerca que condenará a las mujeres de la clase obrera y de las capas populares a una maternidad obligatoria o a prácticas abortivas inseguras que pondrán en grave riesgo nuestra salud y nuestras vidas. Por todo eso estaremos haciendo un llamado a las mujeres trabajadoras a integrarse y organizarse en espacios de lucha clasistas, no hay comunidad de intereses por razón de género, hay comunidad de intereses por razón de clase. No hay derechos plenos en el capitalismo, tampoco el derecho al aborto, y por eso las estaremos invitando a la lucha por la derrota del capitalismo. No hay posibilidad de emancipación sin superar la opresión patriarcal, por eso las llamamos a construir el Frente Obrero y Popular por el socialismo.

Lola Jiménez


1 Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido (RAE) que luego me acusan de hablar con palabros que no entiende nadie.

i La palabra sororidad no está registrada en el Diccionario (RAE) pero está de moda para definir esa comunidad de intereses de las mujeres. La uso como demostración de hasta donde se puede llegar con los metalenguajes que solo entienden lxs especialistas.

ii La palabra sotanosaurios tampoco está registrada en el Diccionario. Es una licencia poético-despectiva para denominar a los curas de la religión católica.