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Cuando hablamos de País Valencià y Educación, los y las comunistas no podemos dejar de pensar en innovación… y es que en el País Valencià somos pioneros en la implementación de las nuevas gestiones que el capitalismo impone, con toda su crudeza, en los colegios, institutos y universidades.

 

Precisamente, este pasado día 20 de enero aparecía en las noticias la empresa Ciegsa, una Sociedad Anónima creada con capital público por la Generalitat Valenciana en el año 2000 para delegar en ella la función de administración y ejecución de las infraestructuras educativas. Con la consabida consigna por delante de que la gestión privada es más eficiente que la pública, esta entidad ha cometido un sobrecoste de 1000 millones de euros (el equivalente a la construcción de 200 colegios), del cual nada menos que el 39% (393,33 millones, para ser exactos) son gastos financieros derivados de la adquisición de préstamos; es decir, totalmente improductivos, con el resto dedicados, sobre todo, a sueldos estratosféricos de sus gerentes y administradores.

La suplantación de la función pública por la empresa privada no es una noticia que nos venga desprevenidos. A fin de cuentas, el Plan Bolonia ideado por la UE, busca precisamente eso: la subyugación de la Universidad y de la Formación Profesional a las necesidades del mercado y las exigencias de las empresas. Es sólo que el País Valencià pretende ser la vanguardia de este proceso. Ahí tenemos, como muestra, la paulatina reducción del presupuesto de las cinco Universidades públicas valencianas, en caída libre desde el año 2009, a lo que se añaden cientos de millones de deuda acumulada y la desaparición de más de 5000 plazas de profesorado público, mientras se conceden innumerables ayudas los centros concertados y privados, como la Universidad Católica de Valencia, la Florida Universitaria, la Universidad Católica de Alicante y la Mare Nostrum, así como a los cursos de postgrado financiados por la empresa privada que operan dentro de los distintos campus públicos y el aumento imparable de la concertada (que continua con el gobierno de PSOE y Compromís, más de 50 unidades en lo que llevan de legislatura). La lucha, sobre todo en el caso de Elx, consiguió parar los “Centros de Iniciativa Social” (colegios construidos de forma privada sobre suelo municipal público, para lucrarse).

Los y las comunistas no debemos, sin embargo, caer en el error de analizar todo esto simplemente desde el punto de vista económico, sino englobando objetivos y estrategias que el capitalismo a diseñado para convertir a la educación en una herramienta útil a sus intereses. De lo contrario, podríamos enfrentarnos a las típicas justificaciones propias del reformismo, referentes sobre todo a la moral (“el modelo no está mal, sólo las personas que lo gestionan”). Nuestro discurso debe ser claro: el objetivo del capitalismo es convertir a los estudiantes en sujetos productivos, formados por la empresa, para la empresa y en la división clasista de la función productiva, expulsando a los hijos e hijas de la clase obrera de las educaciones superiores mediante la subida de tasas y la reducción paulatina de contenido y duración de los grados (subvencionados, aunque cada vez menos), aumentando los años de master (totalmente privados, aunque sea en universidades públicas: 5, 4+1 y ahora 3+2). Así, los planes de estudio ya no se diseñan con criterios pedagógicos, sino como cursos de entrenamiento. Es el mercado el que decide qué se debe estudiar, cuanto se debe estudiar, y en qué campos de aplicación. Esto ocurre, en la práctica, cuando desde la Universidad se ofertan, con criterios de mercado, los cursos de posgrado (cada vez con más contenido, respecto al currículum oficial y, sin los cuales, el título no vale nada), pero también ocurre cuando la empresa entra directamente en la labor educativa de la Formación Profesional, bien a través de la prácticas no remuneradas que se aprovechan para obtener plusvalía infinita, bien a través de los conceptos de la “Formación Dual”, donde parte de los contenidos se dan directamente en la empresa, durante los dos años que duran los ciclos. Y, en cuanto a los profesores, lo que se busca es vincularlos a parámetros de productividad, a través de su salario y sus horas lectivas, con exactamente los mismos criterios que en cualquier empresa y destruyendo, ya de paso, cualquier rastro de órganos democráticos donde pueden participar (Claustros y Juntas), sustituyéndolos por gobernanzas y auditorías que rinden cuentas, en el modelo del Plan Bolonia, a órganos de la Unión Europea dirigidos directamente por administradores privados.

Es, precisamente, esta crítica hacia el capitalismo y la Unión Europea, y el análisis objetivo de sus intereses, lo que confronta al PCPE con el resto de partidos y organizaciones reformistas. Recientemente, uno de nuestros militantes, profesor de secundaria de la enseñanza pública, miembro de las Comisiones Ejecutivas y del Sindicato de Enseñanza de CCOO, tuvo que enfrentarse al claro apartamiento de su función representativa en la Junta de la provincia de Alicante y a su desplazamiento de las candidaturas sindicales de la Federación de Enseñanza por su labor militante en el PCPE; hecho que denunciamos pertinentemente. También se excluyó inicialmente al PCPE de su participación en un debate sobre el futuro de la enseñanza al que se invitó a partidos de toda clase, algunos más minoritarios que el nuestro. Si bien finalmente tuvieron que dejar que nuestro camarada participase tras nuestra protesta, éste pudo constatar el carácter colaboracionista de sus participantes con el proceso capitalista, reivindicado todos ellos cuestiones de mera financiación económica que, a más inri, entraban en contradicción con todos los acuerdos ya adoptados con la Unión Europea. En el ámbito de la Juventud, nuestros camaradas en el País Valencià, integrados en la antigua Asociación Popular Estudiantil, ahora miembros del Frente de Estudiantes que surgió del Comité de Coordinación Estatal de Asociaciones Estudiantiles que coordinaba las acciones de varios sindicatos a nivel nacional, tuvieron que enfrentarse a un boicot, por parte de los otros 4 sindicatos de estudiantes en el País Valencià, de la huelga convocada el pasado 22 de octubre (a veces, recurriendo al legalismo, otras veces con justificaciones tan lamentables como la previsión de los resultados electorales a favor del reformismo); huelga que dicho sindicato tuvo que trabajar en solitario, incluso clase por clase en cada instituto y universidad, con el resultado apabullante de sacar a 1000 estudiantes a la calle, hecho que demuestra la enorme desconexión entre las filas del reformismo y los intereses de los estudiantes.

Los y las comunistas del PCPE en el País Valencià tenemos la absoluta responsabilidad de seguir manteniéndonos firmes en nuestras propuestas que confrontan directamente con los planes del capitalismo y la Unión Europea, por la garantía real del derecho a la educación de los hijos e hijas de la clase obrera, sin ninguna injerencia del interés privado o religioso, que defienda la unidad de la lengua catalana en todos los ámbitos sociales, culturales y científicos, desde la Educación Infantil hasta la Universidad y con la gestión y control democrático de los trabajadores de la educación en todos los centros de estudio y universidades. La labor de nuestros camaradas y de la juventud, en los sindicatos de enseñanza y en los sindicatos de estudiantes, es de vital importancia para la construcción de ese Frente Obrero y Popular por el Socialismo, el único sistema que podrá garantizar el anhelo y los intereses de la clase obrera, tanto en la educación, como en los demás aspectos de su vida.

Edgar Rubio