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Que a la burguesía le preocupa bien poco la vida de los trabajadores es, desde que el capitalismo existe, una verdad “como un templo” que se dice habitualmente. Pero no es solo la vida, como tal, sino la vida que nos obligan a llevar desde la cuna. Es por eso que basta con observar una foto de una calle de cualquier ciudad para tener una idea aproximada de que clase social la habita.

 

“Dinero llama dinero”, es un dicho muy común entre los ricos, y claro, a mayor lujo en las tiendas, también en sus aceras. Claro que el lujo de sus tiendas se lo pagan los burgueses con lo que roban de nuestro trabajo, y el de poner bien hermosas las aceras que rodean las tiendas donde se gastan sus dineros las pagamos nosotros, los trabajadores con nuestros impuestos, ya que la mayor parte de la carga fiscal recae sobre las rentas del trabajo, además de los impuestos indirectos que todos pagamos al mismo porcentaje, seamos ricos o pobres.

Y no hay que ir a los grandes centros financieros, ni a las capitales de provincia; en una modesta villa obrera de tradición minera desde hace dos siglos, como es Mieres, en Asturies, con un casco urbano de unos 23000 habitantes, y con otros tantos en el resto de poblaciones del concejo, nadie podría contar cuantas veces se cambiaron ya los suelos de algunas de las calles más céntricas, ni los gastos en arbolitos decorativos, o en alumbrados navideños que se costean en parte con fondos públicos y que rara vez salen del centro urbano o calles de acceso.

Y sin embargo en muchos barrios obreros las aceras presentan graves desperfectos, los accesos a algunas zonas rurales son prácticamente pistas forestales, y los servicios para los ciudadanos en las poblaciones más alejadas están lejos de ser equitativos con los que existen en las zonas donde el precio del metro cuadrado está disparado aún en estas épocas de crisis. Diferentes gobiernos “socialistas” o el actual de IU o no quieren o no pueden revertir la situación, unos porque siempre intentaron “impulsar el centro comercial del concejo” (aunque perdieron el culo para favorecer la instalación de varias grandes superficies), y otros porque encontraron en la crisis y la herencia recibida todas las excusas necesarias para saltarse los compromisos adquiridos con unos votantes con una ilusión real de cambiar nuestro municipio.

Sea por unas excusas o razones, la realidad en que la parte del concejo mierense donde la clase burguesa es mayoritaria sigue siendo la más favorecida en servicios, arreglos, transporte público, o limpieza, mientras que aquellas donde vive la clase obrera son de una manera u otra apartadas o relegadas en el reparto de fondos e iniciativas, lo que genera una mayor decadencia y degeneración de esas zonas, y su consiguiente abandona, hasta el total despoblamiento, como el caso de las zonas rurales, o la marginalidad, si es que es una zona urbana.

Contra esto los comunistas del PCPE decimos muy claro que la nuestra es una orientación destinada a favorecer a la clase obrera, a los y las trabajadores, a los sectores populares; y por tanto ambicionamos organizar a los habitantes de las zonas obreras y campesina para que reclamen sus derechos, para que fuercen a los ricos a abrir el puño que guarda el dinero que nos roban, y que ese dinero revierta en beneficio de las zonas donde la clase obrera reside, en nuestros barrios y pueblos. Por eso los comunistas somos la voz del pueblo, porque formamos parte del propio pueblo con el que queremos luchar para construir un futuro mejor, también en nuestro concejo de Mieres, en Asturies.

Casualmente, hoy paseando por el centro del caso urbano, pude observar como varios trabajadores se afanaban en pintar pasos de cebra y líneas de aparcamiento, cerca del ayuntamiento (gobernado por IU, de momento), que está en el centro de nuestra villa, por supuesto en la zona pudiente.

Tote Fernández