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En esta época convulsa y confusa los “oportunistas de izquierda” (socialdemócratas de todo plumaje) están que trinan con las citas electorales que se avecinan. No hay día que no nos sorprendan con su indómito frenesí y peculiar cacareo.

Esto es así hasta el punto que el cotarro está más nervioso que nunca, y todos se pelean por estar a la vera del “Gallo de Morón”. ¿Recuerdan aquel juez que vino a Morón de la Frontera en el siglo XVI a poner paz en su población enzarzada en grandes trifulcas? Pues bien, algo parecido está ocurriendo entre las organizaciones políticas del reformismo hispano cuando redacto estas líneas, aunque seguro que el asunto traerá cola y no acabará aquí.. Partidos políticos que hasta hace unos días pretendían —según sus peroratas— ofrecer una alternativa a la crisis capitalista que asola particularmente a la clase obrera y demás capas populares, se han desmadrado a la sombra de esa ventolera mediática que es Podemos, el juez de nuestra historia hispalense. Izquierda Unida, Izquierda Anticapitalista, Frente Cívico, EQUO, Ganemos, Recuperar la ilusión, Participación interna, etc. no han resistido a los encantos oportunistas de la organización política que se proclama representante de los “indignados”, y se han liado a trancazos, improperios y divisiones internas cuando menos bochornosos y risibles. Todo porque —según ellos— en este país nada es posible sin contar con esa organización pequeñoburguesa. Mismo la CUT (Candidatura Unitaria de Trabajadores) y Sánchez Gordillo, y el SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores) y Diego Cañamero, han sufrido sus soplidos desestabilizadores. Derivando el tinglado en un panorama político que delimita claramente las “opciones de izquierdas”: por un lado los reformistas, satélites de Podemos; y por otro los revolucionarios, luchando para apuntillar el capitalismo y construir el socialismo.

“Cambiar todo para que todo siga igual”

Porque en definitiva, ¿de qué estamos hablando?: ¿de ganar elecciones para “humanizar el capitalismo”, y que ese conglomerado interclasista que es “los indignados” sufra menos y sea más dichoso?, ¿o de organizar la victoria de la clase obrera y sus aliados naturales para juntos tomar el poder y acabar de una vez por todas con el sistema que les esclaviza y expolia? Para el PCPE la duda ofende: el capitalismo es el cáncer que hay que extirpar, la raíz del sufrimiento de la clase trabajadora; y toda propuesta política que no haga ese diagnostico —que ignore por tanto la lucha de clases— no hace más que prolongar su existencia y sus efectos nocivos para los currantes: paro, miseria, desigualdad social y explotación. Además de pretender reducir el crecimiento de las organizaciones revolucionarias. Ésa es la responsabilidad política del momento.

Podemos y demás acólitos socialdemócratas quieren hacernos creer que han descubierto la pólvora, y que para que las cosas cambien para “los de abajo”, para “asaltar el cielo”, como escribía Carlos Marx en 1871 refiriéndose a la Comuna de París, sólo basta con desearlo, con eliminar “la casta”. Pero la pólvora ya se inventó en el siglo IX de nuestra era, y el capitalismo no se desmonta tan fácilmente. Hará falta, como quedó patente en la derrota del primer poder obrero en aquella Francia del siglo XIX, menos pusilanimidad con el capital y más conciencia y organización revolucionarias. De lo contrario tanta expectación levantada, tanta “ilusión” creada en la “ciudadanía”, podría reducirse a aquello de “cambiar todo para que todo siga igual”. O quién sabe si para algo aún peor...

Una lección que también debiera considerar el gobierno mentor de Podemos en Grecia.