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Como militantes comunistas llamamos a las mujeres trabajadoras a incorporarse a la organización y al combate revolucionario. Animamos a las mujeres de la clase obrera a afiliarse al Partido Comunista. Ése es nuestro lema en este 8 de Marzo porque son muchas las razones para unirse a la lucha, único camino para avanzar en nuestra emancipación. El sistema capitalista y el patriarcado, en su beneficio, han tratado de convencer a las mujeres de la clase obrera y de las capas populares de que la maternidad es un valor inexcusable para nuestra realización y han pretendido limitar nuestra actividad a las tareas domésticas como quehaceres naturales e inseparables del género femenino.

Las trabajadoras se han encontrado con multitud de obstáculos para acceder al mercado de trabajo por no poder compatibilizar la vida familiar con la laboral y aquéllas que logran resolver las dificultades y se incorporan a la vida laboral lo hacen sometidas a mayores niveles de explotación que los hombres; trabajo a tiempo parcial (el 97,70% tienen un trabajo a tiempo parcial), sin contrato en muchas ocasiones y sin derecho al subsidio de desempleo, con menores salarios, en empleos precarios.

Desde al año 2007 la crisis estructural del sistema capitalista ha empeorado las condiciones de vida de las mujeres y ha favorecido los intereses de la oligarquía. El desempleo femenino en España supera el 25% y el salario medio de las mujeres es el 77% del salario medio masculino, la pobreza se ha acentuado en los hogares de familias encabezadas por mujeres.

Al capitalismo le resulta rentable el trabajo de las mujeres porque son mano de obra flexible y barata y al patriarcado que atribuye la superioridad al hombre otorgándole una supremacía sexual, económica, jurídica, social, política e ideológica, también le viene bien la opresión de las mujeres para afianzar su dominación.

Ésa es la realidad que viven las mujeres de la clase trabajadora; pésimas condiciones laborales, situaciones de desigualdad, opresión y discriminación y acarreando con las obligaciones que se derivan de adicionar la incorporación a la vida laboral a los trabajos reproductivos. Muchas mujeres, jóvenes, mayores, inmigrantes, se ven excluidas del mercado laboral y capitalismo y patriarcado aprovechan para activar la maquinaria del control ideológico, respaldados por la moral católica y disponen que la función de las mujeres es consagrarse al cuidado de su entorno familiar, de manera que el trabajo asistencial que no asume el Estado está siendo realizado, casi únicamente, por mujeres y las que pueden seguir trabajando se ven obligadas a aceptar salarios más bajos, peores condiciones laborales y recortes en sus derechos. A la violencia que ejerce el sistema capitalista contra toda la clase obrera, procedente de la contradicción capital-trabajo se le añade una violencia machista, física, emocional o sexual que actúa contra las mujeres de forma habitual y que es tratada por el Estado como una cuestión secundaria.

El capitalismo se ha ido apropiando de los exiguos recursos públicos y cada vez es más complicado para las mujeres de las capas populares esquivar el entorno de violencia que las asedia.

Es fundamental que las mujeres de la clase obrera tomen conciencia de su realidad y se organicen contra toda forma de explotación, de discriminación y contra el capitalismo.

Nosotras, las comunistas, además de defender nuestros intereses como parte de la clase obrera , en la lucha por la emancipación de las mujeres reivindicamos nuestro papel de trabajadoras y revolucionarias, es por eso que la celebración del 8 de Marzo, día internacional de la mujer trabajadora, tiene para nosotras una especial importancia.

Nos dirigimos a las mujeres trabajadoras y las alentamos a levantar la bandera de la clase obrera porque la participación decidida de las mujeres será determinante para construir el único sistema que puede asegurar nuestra liberación: el Socialismo-Comunismo.

Es hora de que las mujeres obreras se rebelen contra la explotación y la sumisión comprometiéndose en la lucha; distanciándose de las posiciones pequeñoburguesas, participando en la vida política desde opciones revolucionarias, reivindicando el derecho al trabajo, defendiendo sus derechos laborales, exigiendo el reparto del trabajo socialmente necesario entre hombres y mujeres en términos de igualdad, luchando contra la violencia de género, rechazando el discurso de la moral católica que asigna a las mujeres un rol de sometimiento y subordinación que legitima y da amparo a las diferentes expresiones de violencia.

Las mujeres de la clase obrera sólo podrán liberarse de sus cadenas y ser dueñas de su futuro si dan un paso adelante para transformar el mundo y se suman a la tarea de cimentar las bases de una nueva sociedad en el Partido Comunista.

Blanca Rivas