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La violencia contra la mujer es un fenómeno que persiste   de un modo grave y generalizado  reviste la  más diversas formas. Hay violencia física, sexual o emocional  que se produce en la pareja, la más extendida,  donde  casi la mitad de las mujeres que mueren por feminicidio  en el mundo son asesinadas por sus maridos o exparejas, un porcentaje que se eleva al 70% en algunos países.

A fecha de escribir este texto  se han producido en el estado español 42 asesinatos por violencia de género. Pero hay otras  expresiones de violencia patriarcal  a nivel mundial, tales como la sexual asociada a conflictos bélicos, matrimonios forzados, asesinatos de honor, tráfico, mutilaciones genitales, aborto selectivo,  el asesinato sistemático de mujeres jóvenes y adultas o  el acoso laboral.

La violencia de género es el grado extremo de la larga serie de discriminaciones e injusticias que sufrimos las mujeres,  enmarcadas en un sistema, el capitalista, basado en la violencia como método de apropiación de recursos y cuerpos. Esta violencia sustentada en  la división sexual del trabajo, diferente reparto de roles de género e  inferioridad de la mujer en las posiciones de poder está impuesta por  el  patriarcado,  aliado natural del capitalismo.  De modo que  a la explotación compartida con el conjunto de la clase obrera, la mujer trabajadora, en el capitalismo, asume además de la explotación intrínseca a la contradicción capital-trabajo, la de reproducción de la clase y  la responsabilidad de los cuidados, creándose las bases materiales para que la mujer trabajadora sufra en mayor medida la opresión y la violencia machista.

Las consecuencias y repercusiones de esa violencia van mucho más allá del daño inmediato  y tiene efectos devastadores para quienes la sufren y la presencian, sin embargo,  en las sociedades del capitalismo en crisis estructural, como en nuestro país,  acaba convirtiéndose en un problema social de importancia menor. Se reducen o eliminan las exiguas  políticas públicas relacionadas con la violencia de género, así como se eliminan progresivamente todo el sistema sanitario y social y los escasos derechos sexuales y reproductivos, lo que  sumado a las continuas contrarreformas laborales,  rebajas de  pensiones y los ataques a la negociación colectiva,  imposibilita materialmente  el que muchas mujeres puedan evadirse de  ese círculo de violencia.

¿Qué sucede en el marco de la UE,  ese supuesto referente mundial de derechos humanos?  Los datos son aterradores, 9 millones de mujeres europeas han sido víctimas de una violación, un 33% han sufrido violencia física o sexual y sólo una de cada tres denuncia las agresiones. Según un informe Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (FRA) Una de cada cinco españolas de más de 15 años (22%) ha sufrido violencia física o sexual, y de las víctimas, menos de una quinta parte ha denunciado a la policía la agresión más grave.  Una de cada diez mujeres españolas relata que ha padecido una situación de ciberacoso en Internet, y el 29% de las que aseguran estar trabajando sostiene que ha sufrido acoso en un contexto laboral.

La oligarquía, en ofensiva contra la clase obrera y sus derechos, se ceba especialmente en las mujeres trabajadoras. De un  contingente intimidado y disciplinado de trabajadoras  se beneficia el capitalismo en su simbiosis con el patriarcado,  de su alianza salen altos niveles de explotación  de nuestra desvalorizada fuerza de trabajo. Incrementar la violencia económica contra las trabajadoras es rentable, porque nos coloca en una posición de subordinación y de exposición a la violencia, en condiciones de mayor vulnerabilidad.

Por eso es hora de que las trabajadoras nos organicemos junto con el resto de la clase obrera contra la violencia patriarcal  y la violencia capitalista. Que sigamos luchando  contra  la violencia que este sistema ejerce contra nosotras en sus múltiples formas, y construyamos como clase obrera que somos,  una  nueva sociedad que elimine toda forma de opresión y explotación, la sociedad  de seres libres y plenos, la sociedad socialista-comunista.

Comisión Feminista